La llamada del verdugo - Sesión 13 Taller Literario

jueves, 15 de enero de 2009

Es la guerra total. Pese al entrenamiento diario, a los esfuerzos por superarse, al arduo trabajo y a la amplia experiencia, nunca estamos preparados para esto. No sabes muy bien porqué estás ahí ni que haces entre esta gente desconocida, todos en fila, esperando algo que no tenemos del todo claro qué es, aún cuando sabemos que el precio de conseguirlo es muy alto. No importa –nos decimos en voz baja-, cuando decides unirte a la lucha ya no hay vuelta atrás y te entregas con toda el alma.

Como si flotases sobre ti, ves la imagen de lo que ocurre y te dices: ésta será la última vez. Lo repites una y otra vez, como un mantra, buscando templar los nervios.

Observas con recelo al hombre, cuchillo en mano, disfrutando su papel de verdugo. Pese al disfraz que lleva puesto, que alguna vez vio mejores tiempos y hoy está desgastado, te das cuenta que se enorgullece de cumplir con su misión. Uno a uno van cayendo, mientras tú, esclavo de las circunstancias, observas a la distancia. La carne sangrienta ya no te da asco, has perdido la sensibilidad y el respeto por la vida de los demás. ¿Cómo llegamos aquí?

Quedan sólo 3 personas delante. Es el momento de ponerse religioso. Te encomiendas a Dios y a los santos que hagan falta. Rezas en silencio para que, al llegar tu turno, no sea una experiencia dolorosa. Sientes la responsabilidad sobre tus hombros y el saber que tras de ti hay más que seguirán el mismo destino. Aún así, cada quien ocupa su lugar con un matiz de orgullo, sabiendo que si están ahí es porque han conseguido lo que querían, han cumplido su objetivo. Pero es hora de aceptar las consecuencias.

¿Por qué una mujer como ella, que apenas puede sostenerse en pie, llega a una situación así? ¿Qué la ha llevado a la misma aventura en la que tú, hombre fuerte y lleno de vida, te has metido?

Ha llegado tu hora. Tus piernas tiemblan ante el destino inminente. Ya no hay vuelta atrás. Adelantas dos pasos ante la llamada del verdugo, que balbucea algo tras el filo de un enorme garfio. Miras de reojo a los que están detrás de ti, con una mezcla de entrega y ansiedad. “Me pone un cuarto de jamón”, dices nervioso.

1 comentario:

  1. Anónimo15:53

    Super buena Tomás, aun sabiendo el final desde el pricipio(será la inteligencia de tu madre?????) resulta simpática.
    Tanto ver series de detectives (mis favoritas) nada me asombra.
    Sigue escribiendo
    Tu admiradora número 1
    mamá

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