Cerrando el año... el último post de 2009

jueves, 31 de diciembre de 2009

Una vez hecho el recuento del año 2009, en cuanto a música, libros o cine, no me queda más que recordar cosas que he hecho este año (inspirado en la lista que Pradito colgó en su flog):

1. Publiqué mi primer artículo en una revista en España (julio/agosto).
2. Publiqué mi primer artículo en una revista de cine (septiembre).
3. Participé en un taller literario.
4. Leí algunos de mis cuentos en público, olvidando pudores y miedos.
5. Comencé mi primer libro de cocina, que no veo las horas de acabar.
6. Volví a la universidad, aunque a la distancia.
7. Conocí Nueva York, aunque parecíamos viejos amigos.
8. Me encontré con más gente maravillosa en mi camino. Suma y sigue...
9. Aprendí importantes lecciones.
10. Superé los exámenes de selectividad por segunda vez en mi vida.
11. Descubrí grandes amig@s y mantuve a l@s que ya tenía.
12. Tuve miedo, me sentí valiente, me equivoqué, me reí, lloré, me emocioné, me enojé y me reconcilié. Acepté unas cosas, dejé otras pendientes. Dije la verdad y también mentí. Perdoné y fui perdonado.

En suma, un año redondo. ¿Cómo será el 2010?

Y como última cosa, sólo quiero agradecer a todos los y las protagonistas de mis 33 años, de este último, de 2010 y de todos los que vengan por delante.

Besos a tod@s.

Cerrando el año: Cine

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Este quizás sea el apartado más difícil de todos para mí. Elegir las "mejores" películas del año es un acto de subjetividad pura y de una prepotencia desmedida. Por ello, no quiero seleccionar "las mejores", sino que mencionaré las "memorables", aquellas que en su propio estilo me han dejado una huella. Y es esto, lo que al final, realmente me importa del cine. Entender el Séptimo Arte de otra forma, la verdad es que no está en mis planes.

1. "Up", una maravilla para los sentidos. Emotiva, tierna, llena de aventuras y con mucha comedia. Pixar sube unos cuantos puntos con esta película.

2. "Frozen river", no es de lo mejor que ha llegado, pero merece la pena por su protagonista y por una historia de desolación en toda regla.

3. "500 días juntos". Tufillo "indie" para una comedia romántica atípica y de fácil identificación. La excusa perfecta que confirma que una buena historia no requiere de artificios.

4. "Gran Torino" y un Clint Eastwood en plena forma. Sorprendente.

5. "A ciegas", o el Ensayo sobre la ceguera llevado a la gran pantalla. Punto para Meirelles por su calculado y eficaz trabajo con las emociones, sin caer en sensiblerías.

6. "Vals con Bashir" y la descarnada visión de una guerra desde dentro.

7. "The visitor", una gran película sobre la condición humana y las injusticias de un sistema de seguridad nacional.

8. "Frost/Nixon", otra gran muestra de que para hacer cine no es necesario el abuso de músculos. La testosterona también está en la cabeza y en saber utilizarla.

9. "Slumdog Millionaire", con su frescura y con un montaje inteligente, conquistó al público y la crítica.

10. Este lugar me lo reservo para aquellas que, inevitablemente, tendría que dejar fuera, porque no tengo más espacio disponible: "Doubt", "El primer día del resto de tu vida", "Rachel getting married", "Revolutionary Road", "Un lugar donde quedarse" y "Milk". Mención especial para "Si la cosa funciona", de Woody Allen.

Cerrando el año: Televisión

Si bien ha sido un año de poca televisión al uso, debo decir que sí ha sido productivo en cuanto a series en general, y uno que otro programa suelto.

Me quedo con "The Big Bang Theory" en el apartado de comedia; "In treatment", como drama. En rarezas, la inglesa "The misfits"; en vergonzosamente entrañables: "The middle" y "Modern family" a partes iguales.

En producción local, me quedo con la novedad y la valentía de "21 días" (Cuatro). Sin ser fanático ni asiduo, me gusta la idea de "Españoles por el mundo". Me apena la incomprensión de un formato como "Saturday Night Live" en su versión ibérica y lamento profundamente el regreso en gloria y majestad de los programas del corazón, descarnados e irrespetuosos.

Por lo demás, todo me deja bastante indiferente. "Aída" no es lo mismo sin la Machi, y las series españolas me parecen aburridas y de escasa credibilidad. Lo peor es cuando se lo toman en serio, porque se notan aún más sus carencias. Y cada día veo menos TV y más Youtube, ¿la televisión del futuro?

Cerrando el año: Libros

La verdad es que 2009 ha sido un año fructífero en libros, en gran parte debido a las tertulias literarias y, en otras, a buenas recomendaciones. El listado es diverso, distinto y, probablemente, muy poco académico.

1. Melania Mazzuco: "Un día perfecto". Inquietante, cruda y conmovedora historia en la Roma actual.
2. Stieg Larsson: la trilogía Millenium en toda su extensión.
3. "La soledad de los números primos" de Paolo Giordano: simple, pero con una fuerza arrolladora en gran parte del libro.
4. "Invisible", de Paul Auster. Todavía no lo acabo, pero se está colando en la lista de mis libros más apreciados del año.
5. Helene Hanff me llevó al "84, Charing Cross Road", una delicia de libro epistolar.

Me gustaron también "Firmin", "Cartas a un joven poeta", "La joven de las naranjas", "León de ojos verdes" y muchos otros. Es imposible resumirlos y acordarme de todos ellos. Y menos me acordaré de los que no me dijeron nada. Para ellos, ni una sola letra más.

Cerrando el año: dejo una canción (II)

Simplemente conmovedora. "If you want me", de la banda sonora de "Once".


Cerrando el año: dejo una canción (I)


Una canción que he escuchado unas cuantas veces en las últimas 3 semanas y que me ha ido conquistando poco a poco. No es fácilmente digerible, pero tiene algunos elementos que la hacen interesante. "Busco-me" de Bebe (Y., 2009).

Llegó el invierno a Madrid

martes, 22 de diciembre de 2009

Hace mucho frío por estos lados... y el invierno recién comienza. Es la primera nevada "gorda", porque la semana pasada cuajó muy poco y apenas se pusieron blancos algunos techos en la capital. ¿Cuántas más tendremos? De momento, nos quedamos con la lluvia por unos cuantos días y las bajas temperaturas, algo más altas... Nieve y hielo para el comienzo de la semana... el invierno no podía estrenarse de una forma más discreta.


Pero como no todo va de clima, quiero dar la bienvenida a los nuevos seguidores de este blog: Marycarmen, Miguel y Alfonso (again). Gracias por estar aquí y compartir con nosotros. Espero que podamos interactuar con más asiduidad cuando pasen las fiestas, cenas, despedidas de año y todas las excusas que nos buscamos para seguir celebrando.



Infix Pro y la ayuda para la edición de PDF

lunes, 21 de diciembre de 2009

Buscando en Internet descubrí una magnífica herramienta para la edición de documentos en PDF, muy útil para lo que estoy haciendo ahora: cambiar detalles de redacción en documentos ya antiguos y que con las herramientas de Adobe no era capaz de conseguir.
Por suerte, Infix Pro se me cruzó en el camino, porque ahora puedo hacer y guardar todos los cambios que necesito con una herramienta llena de utilidades y muy sencilla, apta para todos los usuarios.

Como cambian las cosas en segundos

sábado, 19 de diciembre de 2009

Hace menos de 3 horas decía que no tenía muchas cosas que escribir ni se me ocurría por dónde comenzar. Las cosas cambiaron: me senté a ver "21 días: A ciegas", el programa de Samanta Villar en Cuatro que, por suerte, me encontré colgado en YouTube, porque anoche salí de cena y me lo perdí.
A mí, digan lo que digan, me parece un programa interesante. No será del todo real, habrá mucho trabajo de producción, pero el que una periodista se plantee "vivir en carne propia" el tema del reportaje, me resulta valiente y muy inteligente. Tal como ella dice, no es lo mismo contarlo que vivirlo.
Así la hemos visto 21 días sin comer, 21 días viviendo de lujo, 21 días durmiendo en la calle, 21 días fumando porros, etc. Por lo menos, dentro de toda la mentira que puede haber detrás de un programa de TV, hay algo de realidad y de sentir aunque sea sólo por momentos lo que siente la otra persona. Es una exageración de la empatía, de ponerse en el lugar del otro y sentir lo que siente.
En esta ocasión ha estado 21 días con los ojos tapados para comprender lo que era no ver y desenvolverse en el mundo de los videntes. Además, entrevistó a personas con distintos grados de visión, que han sido ciegas toda la vida o que la han perdido recientemente. Quizás estos últimos han sido los casos más llamativos.
No sé cuánto de verdad hay detrás del programa, pero como dije, al menos tiene un áura de honestidad y un planteamiento valiente: para saberlo, hay que vivirlo... no basta simplemente con contarlo. A ver cuántos de nosotros tendríamos el valor de hacer lo mismo. Desde ya tengo claro que no me pasaría 21 días viviendo en la calle o en una chabola, menos en una mina de estaño en Bolivia. Incluso no sé si disfrutaría los 21 días de lujo (en la foto tenemos a Samanta Villar -izquierda- con Carmen Lomana, la nueva reina de las páginas sociales españolas, en una de las escenas) y todo lo que rodea al "mundo de los ricos". Una cosa es que me gusten las comodidades y otra muy distinta es vivir en un universo paralelo.

Toda la semana

Me he dado cuenta de que llevo toda la semana sin escribir en mi blog. Por más que he intentado pensar en algunos momentos en el tema de la actualización, estos días no he sido capaz de encontrarlo. ¿Política? No tengo ganas. ¿Economía? Ni pensarlo, ya me basta con el día a día como para pensar en algo más. ¿Cine? No, porque para eso he creado otro blog (http://soyunespectador.blogspot.com). ¿El tiempo? Además del frío intenso que tenemos en Madrid en los últimos días, no hay mucho que aportar y se convertiría en algo así como una incómoda conversación de ascensor, cuando no hay nada más que decir que las variaciones de la temperatura.
Tenía ganas de publicar algún cuento, pero es tal la oscuridad de lo último que escribí, que creo me lo reservaré para otro momento. A veces me impresiono de las cosas que son capaces de salir de mi cabeza. Además, ni siquiera es tan bueno como para exponerlo. Creo que se quedará guardado en la carpeta genérica hasta que sepa cómo darle una vuelta o cuando encuentre el momento adecuado para enseñarlo.
No hay música nueva que me inspire demasiado ni libros que despierten mi ánimo: ahora estoy empezando con Paul Auster y su "Invisible", y tengo en espera "Al pie de la escalera", un libro recomendadísimo por dos compañeras de tertulia, no tanto por el resultado, sino por la atractiva expresión literaria de la autora. Junto a ellos se me acumulan obras de Iris Murdoch, Isabel Allende, Federico Moccia, Edgard Allan Poe y los libros que tengo que estudiar para los exámenes de finales de enero.

Tantas cosas y tan pocas: mi libro de cocina, mis estudios, mis cuentos, mis proyectos, y una oferta de trabajo interesantísima que, espero, prospere pronto.

¿Hasta dónde podremos resistir?

viernes, 11 de diciembre de 2009

Para el sábado 12 a las 12 hay convocada en Madrid una manifestación, organizada por los sindicatos, bajo el lema "Que no se aprovechen de la crisis", aludiendo a las iniciativas de muchas empresas que están renovando plantillas, prescindiendo de trabajadores o, simplemente, utilizando contratos-basura con la excusa de que es la única forma de solventar la actual situación económica.
No soy entendido en el funcionamiento económico de la sociedad, pero una de las cosas que siempre hemos escuchado por parte de los expertos es que, para superar una crisis, se debe incentivar el consumo y fomentar la inversión. Si no hay un respaldo contractual en el trabajo, poco se está haciendo en ese sentido. Se habla de "abaratar los despidos", de ampliar las jornadas laborales, de buscar una situación intermedia de empleo/desempleo, donde las arcas fiscales pasarían a asumir parte de los ingresos de los trabajadores. La verdad es que no entiendo hacia dónde van esas iniciativas.
Si se abaratan los despidos, con lo que por consecuencia eufemística habría mayor movilidad laboral, lo que se provocará será un aumento progresivo del desempleo y la sobrecarga de trabajo para aquellos que mantengan sus contratos ante el "temor" de quedarse en la calle. Esto no es una idea paranoica, sino que una realidad salida de un estudio de la Facultad de Economía de la Universidad de Valencia, que dice que más del 55% de los empleados, trabajan bajo presión y temor a ser despedidos. ¿Funciona el sistema entonces? Pues no, hay algo que no está bien.
Cada día más me sorprende la precariedad de los contratos y, tal como escribí en un reportaje el año pasado, la poca importancia que se da hoy a la retención del talento y a la necesidad de potenciarlo. Hablamos de conciliación de la vida familiar y laboral, pero eso no es más que un mito político para llenarse la boca en temas de igualdad, familia y progreso. Hoy en día la única forma de conciliar ambas, sobre todo en esta situación de crisis, es ceder a las presiones de las empresas y aceptar las condiciones que pongan para mantener el empleo. Eso no es ético y menos debería ser legal.
Pero luego escuchas que todos los empresarios son personas buenas que intentan sacar el máximo partido a sus recursos. Todo estaría bien si "máximo partido" no significase explotación. Si no que alguien me explique por qué razón hay personas capaces de ofrecer un contrato temporal (dos semanas) para trabajar 8-9 horas diarias, pagando 300 euros brutos (a los que hay que restar un 15% de retención de impuestos, quedando 255 euros líquidos), es decir, alrededor de 3€ la hora laborable. ¿Eso es trabajo digno? Y luego nos horrorizamos por las fábricas en el sudeste asiático donde la gente puede cobrar (por decir algo) 30 dólares al mes. Obviamente las situaciones no son comparables y es una burrada lo que acabo de escribir, pero simplemente quería llegar a decir que las tendencias "esclavistas" no están tan lejos como se cree. Están a la vuelta de la esquina. Dentro de nuestras propias casas.
Alguien tiene que hacer algo. De momento, los trabajadores y los parados se manifestarán contra los empresarios. Pero debería entenderse también como un llamado de atención a las autoridades gubernamentales, a quienes se les está escapando entre los dedos su idea del Estado del Bienestar.

Chicago, el musical

Con el único antecedente de la película de Rob Marshall (2002) y una idea de la historia, me senté el miércoles en lo más alto (literalmente) del Teatro Coliseum de la Gran Vía madrileña a ver el musical "Chicago". Nada más comenzar, All that jazz, una canción que ha pasado a la historia de la mano de grandes voces como Ute Lemper, y una Natalia Millán (en la foto) impresionante en su rol de Velma Kelly, una cantante de cabaret que se convierte en asesina por traición y en heroína por defecto. Al poco andar, Roxy Hart (Marcela Paoli) se come el escenario y brilla con intensidad en un sobrio diseño que incorporaba a la orquesta como parte del espectáculo, pero que daba la impresión de ser demasiado estrecho y sencillo.
Geniales en sus papeles: Fedor de Pablos (Amos), Linda Mirabal (Mama) y G. Rauch (Mary Sunshine), tres grandiosos artistas con mucho talento. Flaquea Manuel Bandera como el abogado defensor sin escrúpulos, incluso desafinando una larga nota en la sesión en la que estuve, más aún cuando quienes te rodean son muy buenos en lo suyo. De todas formas, la suma sigue dando un resultado positivo.
Una historia entretenida, con momentos muy graciosos y que no se hace nada larga. Cerca de 2 horas y media de duración con un intermedio de 10 minutos, es más breve que otros musicales que he visto y está perfectamente estructurado para que el interés del público no decaiga.
Dicen por ahí que no tiene nada que envidiarle a las producciones de otras ciudades. Creo que todavía sí, algo de envidia puede tener Madrid hacia, por ejemplo, Nueva York (en Londres todavía no he visto musicales), pero como dije hace un tiempo, va por el buen camino. Quizás falta evitar "los nombres sonoros" y dejar que sea el talento desbordante de muchos "desconocidos" el que ocupe el sitio que le corresponde sobre las tablas.

Un mini-cuento: "Página 75"

miércoles, 9 de diciembre de 2009

“Las acciones del cuerpo son las explicaciones del alma”. Por al menos 4 segundos no fui capaz de soltar el aliento. Me atraganté con mi propia saliva, se me cayó el libro que tenía sujeto sólo con mi mano derecha, mientras la izquierda se apoyaba sobre mi muslo de forma casual. Era una postura que siempre me había parecido elegante, con cierto aire intelectual.

Intenté agacharme a recogerlo, pero no fue más que un vano intento: mi espalda presionaba con firmeza, recordándome que no habían pasado dos días desde que apagué las 46 velas en la tarta aquella que me obligué a comprar, simplemente para que no me repitieran lo amargado que me había vuelto. Una cara feliz en coloridas cremas y un gusto amargo que llegaba hasta la boca de mi estómago. Odiaba las tartas, los cumpleaños y las caras felices.

Traté otra vez de recogerlo y esta vez mi musculatura cedió a las presiones. Le quité el polvo acumulado en la mugrienta moqueta, un par de pelusillas rebeldes que rápidamente se pegaron a mis pantalones de lana, y me dispuse a continuar la lectura. No podía. Mis ojos no se despegaban de aquella frase: “Las acciones del cuerpo son las explicaciones del alma”. Malditos libros de sicología y autoayuda. Jamás había encontrado nada en ellos y ahora me daban en toda la cara, con un golpe seco, doloroso.

No, no quiero pensar que lo que hice tuvo sentido o que significa que sentí algo. No, lo hice por hacerlo, porque no estaba en mi centro, porque fui obligado. No, seducido. Eso es, me sedujo y caí. Había bebido de más, me había fumado un porro de marihuana y mi cabeza iba a una velocidad distinta. Siempre me ocurría lo mismo. Incluso vomité a los dos minutos de echar a andar, porque mis pasos y los suyos iban descompensados, provocándome un inexplicable mareo. El libro se me volvió a caer de las manos. La mujer sentada a mi lado miró de reojo, haciendo un gesto desagradable y cruzando la pierna hacia el lado contrario de mi asiento, dejando claro que no quería hablarme. Al menos en algo coincidíamos. Recogí el libro, otra vez en medio de una punzada aguda de dolor, pero algo más acostumbrado al movimiento.

Maldita página 75. Cogí el libro en la misma página. Al menos si accidentalmente se hubiese pasado, quizás hubiese continuado como si nada. Quizás hubiese sido capaz de engañarme sin más. ¿A quién engaño? La puta frase no se irá de mi memoria. “Las acciones del cuerpo son las explicaciones del alma”. Pero, ¿qué tengo que explicar? Mi pregunta resuena en mi cabeza, se agranda, la inunda.

Respiraba agitadamente, con bocanadas entrecortadas de aire caliente. Notaba como subía la temperatura de mis brazos, de mi cuello, mientras un frío antártico se me colaba por medio de las vértebras. Solté un gemido. Nada. Nadie. Sólo el culo de la mujer de al lado que cada vez parecía más grande.

Me solté un poco la corbata, miré hacia arriba como hacía siempre que quería encontrar una respuesta, claro que esta vez no tuve éxito. Sólo tenía al libro, una imprudente cita y una pregunta que me acosaba sin descanso. Me levanté sin hacer demasiado ruido y con mis cosas recogidas de antemano, para no dar posibilidad a nadie de reaccionar. Salí a la calle, tiré el libro a la basura, dejé mi abrigo en el respaldo de un viejo banco de madera y nunca volví.

Revolución en Internet

domingo, 6 de diciembre de 2009

Llevamos mucho tiempo escuchando cosas sobre las redes P2P y el intercambio de archivos en Internet, que violan la propiedad intelectual y los derechos de sus creadores. Ahora, la idea que se baraja oficialmente en algunos países europeos sobre restringir o cortar el acceso a la Web no sólo de los responsables de ofrecer los archivos, sino de quienes hagan uso de ellos, comienza a echar su sombra sobre España y ha provocado una crisis muy profunda en el propio Gobierno, además que ha levantado una nube de polvo entre los usuarios que no pasará en un buen tiempo.

No estoy muy puesto en el tema ni me he informado mucho (no he tenido el tiempo necesario) y la verdad es que es un asunto que me crispa tanto el ánimo que prefiero evitarlo. Por un lado me parece una bestial forma de censura el que se piense cerrar o restringir el acceso a un blog, el mismo que puede tener el "secuestro" de una publicación o el corte de un programa de televisión. Por otro, un esfuerzo inútil en una lucha contra una aventajada tecnología que siempre ofrecerá alternativas a la legalidad.
La solución al problema no es otra que dejar de engañar a la gente, a los usuarios que mantenemos con esfuerzo a toda la bien llamada industria del entretenimiento y que se lucra excesivamente de nosotros. La cultura y lo que la rodea (seamos honestos, no todo es CULTURA) es cara, tiene una carga impositiva absurda y unos precios que, en ocasiones, llegan a las nubes. No pueden pretender que una persona que cobra mil euros al mes pueda gastarse 100 o 200 euros mensuales en música, cine, DVD o espectáculos en vivo.
Actualmente, el precio medio de un CD ronda los 15-16 euros. Si calculamos que cada semana salen más de veinte o treinta, ya los resultados no cuadran. Lo mismo con el cine, que ronda los 7 euros por sesión, cuando muchas de las veces las películas son un bodrio. Y para qué decir de algunos conciertos que superan los 40, los 80 y los 100 euros con facilidad, por no mencionar el precio de los musicales, del teatro y de la ópera. ¿Cómo es posible que se mantenga una "industria" así en tiempos de crisis? Yo lo veo difícil. Pero en vez de rebajar precios y pensar en el consumidor, lo que han decidido es ir en su contra, joderlo todavía más.
Absurdas resultan las medidas de la SGAE (la sangrante sociedad general de autores) de cobrar "extras" en bodas, fiestas, bares y restaurantes por tener la radio puesta o por usar música por la cual ya ha pagado el consumidor. Diabólicas me parecen las sanciones a algunos usuarios que han puesto archivos en las redes P2P para compartir, que superan los miles de euros. Nefastas me parecen las intenciones de restringir o cortar el acceso a Internet.
Lamentablemente, estamos ante un grupo cada vez mayor de incapaces corporativistas, que sólo buscan el lucro personal y no piensan en la manoseada cultura de una forma distinta al negocio. Reprochable es la gestión del Gobierno en esta materia, porque supuestamente se han retractado de sus intentonas de censura, pero de una forma tan poco clara, que espero no sorprenda a nadie en los próximos meses, cuando calmadas las aguas, vuelva a la carga con sus propuestas, tras la presión económica y política de los interesados.

Actualización de blog de cine

3 nuevas películas llegan al blog "Soy un espectador": "Jennifer's body", "Mi vida en ruinas" y "Un lugar donde quedarse", la última cinta de Sam Mendes. ¡Vaya día más productivo!

Días de locos

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Llevo unos días de no parar, pero así es la vida. Y tengo la cabeza en mil partes, pero en ninguna a la vez. 
Han operado a mi padre de un cálculo renal (todo bien), tengo mucho que estudiar, que leer, que escribir y el tiempo parece que juega en mi contra. Necesito dedicarle minutos a mi libro de cocina, poder hacer las cosas de la casa, preocuparme de solucionar algunas cosas.
Pero no importa, porque organizaré mi agenda como sea y conseguiré las horas necesarias para sacar todo adelante. Si lo he logrado antes, ¿por qué no ahora?

In treatment (2008-2009)

Por fin he visto las dos temporadas de esta serie. Si bien es cierto que me gustó más la primera, la segunda no está falta de sorpresas y de potentes personajes que pondrán en jaque a su terapeuta y a sí mismos.

Lo que más me gusta de ella son sus diálogos poderosos y los tics tan reconocibles que tenemos todos para eludir aquellos temas que nos resultan molestos o incómodos. Y, además, quizás lo que me llama más la atención, es la naturalidad de la relación terapeuta-paciente, la complicidad y tensión que existe en ellos al mismo tiempo.

Supe que estaban preparando una tercera temporada con vistas a 2010. Sólo espero que sepan mantener el listón alto y que no destruyan una maravillosa idea originada en Israel (BeTipul). Y que Gabriel Byrne siga siendo tan grande como lo ha sido hasta ahora.

Redes Sociales y juegos cooperativos. ¿Herramientas educativas?

viernes, 27 de noviembre de 2009

Segundo día del V Congreso Internacional de Educared e interesantes opiniones acerca del uso de las nuevas tecnologías en la educación. Las ventajas y dificultades de las redes sociales, con debate ético incluido (fuera del Congreso) y la necesidad de un cambio profundo en la concepción del sistema educativo. 

Ayer comentaban sobre que el actual sistema educacional en Occidente está basado en la Revolución Industrial: la repetición en masa de contenidos, haciendo una analogía con la producción fabril o, lo que es igual, la idea básica de reproducir un producto sin importar mucho ni el receptor ni quien lo fabrica. Y ese es uno de los primeros cambios que se deben realizar: los estudiantes no deben reproducir, sino producir. 

De igual forma, se comentaba que en la actualidad se les enseña a los alumnos a ser receptores y no emisores de los contenidos. Es decir, que mientras repitas de mejor forma lo que el profesor ha enseñado, mejor será la calificación obtenida, pero escasa la retención, la capacidad crítica, el análisis y el conocimiento adquirido, sobre todo a nivel de competencias básicas y específicas.

En cuanto al debate ético del uso de las redes sociales en la relación profesor-alumno hay que tener en cuenta varias cosas: el concepto de privacidad, una necesaria formación de las herramientas a todos los usuarios y la capacidad de responder a las problemáticas nuevas que trae el uso de las nuevas tecnologías. Una de las líneas de discusión era, por ejemplo, la forma de evaluar el trabajo de un alumno en formato on-line. La otra, quizás bastante más profunda y con una solución que va más allá de la mera tecnología, era el alcance que podía tener el establecimiento de relaciones más cercanas entre estudiante y maestro.

Como caso de discusión se ponía la posibilidad de que el profesor conociera cosas personales de sus alumnos en una red social abierta, como por ejemplo, que se emborrachaba o que consumía drogas. La pregunta era ¿qué debería hacer un profesor en casos como ese? El debate es largo y tiene muchas vertientes, pero para mí tiene una única solución: seguir el mismo protocolo que cuando ocurre sin mediar la tecnología. Es decir, hablamos con el alumno y, en caso extremo, con sus padres o tutores.

En este caso, el medio de comunicación o la fuente de información no alteran el desarrollo de las medidas que se deben adoptar. Pero la respuesta está también en la necesidad de educar tanto a unos como a otros de la forma adecuada de utilizar la tecnología para ciertos fines: una red social no necesariamente pasa por exponer tu vida ante todo el mundo. De la misma forma en que "escogemos" a quien le damos nuestro teléfono móvil o nuestro e-mail, debemos decidir con quién compartimos nuestra información personal, nuestras fotos y muchas otras cosas a las que no se les está dando la real importancia en un mundo plenamente conectado.

Al menos, gran parte del problema está identificado. Ahora sólo queda que se planteen iniciativas que llamen la atención de los estudiantes hacia contenidos lúdico-educativos (interesantísima reflexión de Jane McGonigal sobre el uso de las plataformas de juego colectivas en Internet para aprovechar el talento y conocimiento de los usuarios), se resuelvan de modo eficiente los problemas que se vayan presentando, los docentes tomen la delantera en la apuesta por las nuevas tecnologías y que se plantee una necesidad formativa adecuada para cada uno de los actores que intervienen en el proceso educativo.

Días "educativos"

jueves, 26 de noviembre de 2009


Hoy no tengo muchas fuerzas para escribir, porque me levanté muy pronto y me sumé al V Congreso Internacional de Educared, encuentro iberoamericano de docentes, directores y de todos quienes están ligados de alguna forma a los proyectos educativos y, en particular, a los procesos de inclusión de las Nuevas Tecnologías en el aula.

No me voy a explayar respecto a las cosas se comentaron esta mañana, que no son pocas, y que son de vital importancia no sólo para las autoridades competentes y los implicados directos, sino para toda la sociedad, porque dependerá de cómo se logren dirigir las reformas educativas el resultado que tengamos como ciudadanos, como seres sociales en el futuro.

Sólo dejaré dos frases que me parecieron muy buenas y bien escogidas, cada una en su contexto particular.

"La educación y el magisterio serían el presagio de la noche eterna o el amanecer del país" (Carlos Fuentes).

"La mayoría de la gente inteligente no trabaja para tu empresa" (Bill Joy, fundador de SUN).

Dos reflexiones para unos días de mucha actividad.

Otro nuevo blog... esta vez dedicado al cine

lunes, 23 de noviembre de 2009

Ya tengo un blog dedicado exclusivamente al cine. De momento, he pasado todas las entradas que aquí estaban publicadas a la nueva bitácora, pero poco a poco iré engrosando la lista de comentarios.

Espero que me visiten en http://soyunespectador.blogspot.com/

Las series 2009 - 2010

domingo, 22 de noviembre de 2009

Muchas son las series que es inevitable ver o seguir viendo en esta nueva temporada.

De las antiguas (que no requieren mención, porque ya me repetiría mucho en el blog)

1. Mujeres desesperadas (Desperate housewives)
2. Anatomía de Grey (Grey's Anatomy)
3. House (House)
4. 5 Hermanos (Brothers & Sisters)
5. Sin cita previa (Private practice)
6. The Big Bang Theory
7. Cómo conocí a vuestra madre (How I met your mother)

De las nuevas:

1. Cougar Town, intento entrañable de Courtney Cox (la Mónica Geller de Friends) por mostrarnos las dificultades de una madre cuarentona y divorciada, para sobrevivir en la vida y en la jungla de las relaciones. No tiene toda la gracia que podría tener (además de tener el antecedente de "The new adventures of old Christine"), pero resulta cómica a ratos.

2. The Good Wife, o el regreso a las series de abogados de los 80's. Como ya estoy cansado de forenses, tiene mi voto de confianza. Julianna Margulies (ER) es Alicia Florrick, esposa engañada públicamente que debe salir adelante en su recién estrenado papel de abogada. Una trama que promete ser más truculenta en cada capítulo.

3. The Middle, un divertido y exagerado retrato de una familia media en "el medio" de EE.UU., con Patricia Heaton, vista en "Everybody loves Raymond" y unos hijos que dan mucho juego: el adolescente que pasa de todo; la niña fea y perdedora, pero con un corazón más grande que su falta de talento; y el pequeño inteligente, que susurra sus propias frases y no tiene amigos.

4.
Modern family, o lo que es igual, gente al borde de lo patético y cerca de provocar la vergüenza ajena, pero con un espectro de personajes muy variopinto. Es muy predecible, pero no deja de provocar complicidad. Vuelve Ed O'Neill, el mítico "Al Bundy" de Married with children, acompañado de la colombiana Sofía Vergara y una pandilla de actores muy bien escogida.

"La clase" (2008)

No se me ocurre otro apelativo para comenzar a comentar esta película: honesta. Me parece que derrocha honestidad en la realidad, en la puesta en escena, en los personajes -tan reconocibles y arquetípicos-; en los diálogos y en la tensión alumno-profesor, profesor-profesor, profesor-director, padres-alumnos, etc.

"Entre les murs", título original del libro escrito por François Bégaudeau, quien también participaría como coautor del guión cinematográfico y protagonista de su propia novela, nos lleva a una escuela francesa -que prácticamente se convierte en escenario único- donde las cosas no son fáciles: hay mucha inmigración, pocos recursos y demasiadas hormonas en juego para que no surjan los problemas en todos los niveles. Se centra en la clase de lengua del profesor Marin, donde seremos testigos de las pulsiones más naturales del ser humano: la defensa propia y la de las causas perdidas; la vergüenza, la incomprensión, el desafío, la rebeldía, la envidia, la ira y el perdón.

La película no pretende justificar ni a las "víctimas" ni a los "victimarios" (dependiendo de quién lo vea, podrán ser los alumnos o los profesores, o ambos como víctimas de un sistema desigual), sino que relatar la vida "entre los muros" de una escuela con una sencillez y una honestidad como sólo Cantet podría hacerlo, tal como nos mostró en "Recursos humanos" hace ya una década. Ninguno de los personajes es del todo bueno o definitavemente perverso, sino que cada uno de ellos es un abanico de matices tan natural como la vida cotidiana.

Filmada con delicadeza, pero inevitablemente cruda e intensa, "La clase" estuvo nominada al Oscar como Mejor Película Extranjera, se llevó la Palma de Oro en Cannes y recogió varios premios internacionales. Méritos tiene de sobra, ya que deja de lado la imagen del perfecto maestro y nos muestra las imperfecciones de un sistema educativo en todos los niveles, donde docentes y estudiantes se sienten, muchas veces, desvalidos e incomprendidos. Un film que hace falta ver para comprenderlo desde dentro.

"Si la cosa funciona" (2009)

sábado, 21 de noviembre de 2009

Debo reconocer que me ha gustado mucho la última película de Woody Allen, "Whatever works" y su regreso a un Nueva York muy luminoso y acogedor, lejos de la sombra, la niebla y la oscuridad de algunos de sus relatos anteriores en esa ciudad.

Además de un guión perfectamente reconocible como suyo, el director de "Vicky Cristina Barcelona" le hereda al protagonista mucha de su incontinencia verbal, nerviosismo y visión del mundo. Larry David -productor de "Seinfeld" y de la serie "Curb your enthusiasm"- se convierte en el brillante Boris Yellnikoff, un científico con escasa destreza social y muchas opiniones acerca de todo lo que le rodea, siempre con un aire de superioridad. Así comienza su relación con Melodie, una chica "de pueblo" extremadamente simplona que provocará una serie de cambios en su vida, familia incluida.

La película es graciosa, a ratos entrañable, con muchas "lecciones" sobre lo que nos rodea, los prejuicios, las creencias, la fe ciega, el amor y las relaciones humanas. Todo ello disfrazado de comedia, cargada de ironía y con mucho humor negro, todo muy habitual en el cine de Woody Allen.

Brillante Patricia Clarkson como la madre de Melodie, genial Evan Rachel Wood ("Across the universe" o "The Wrestler", junto a Mickey Rourke); magnífico Larry David y un reparto muy logrado en general. La banda sonora está ajustada y precisa, como es habitual en casi todas las cintas de Woody Allen (menos la de "Vicky Cristina Barcelona" que me resultó cansina) y un director con muchas cosas que decir aún, sea cual sea la ciudad en la que ruede.

Si bien no es su mejor guión ni la película más deslumbrante -como sí ha ocurrido hace pocos años con "Match Point"- "Si la cosa funciona" es un punto alto en las comedias de Allen, en la trayectoria que ha escrito en los últimos 10 años y, claramente, una de las más autoreferentes que me haya tocado ver.

+33

lunes, 16 de noviembre de 2009

Se me olvidaba agradecer a las dos "flogueras" que hoy me dedicaron sus espacios y a los que han hecho comentarios también.

Chagüiscle Woman (http://www.fotolog.com/chaguiscle/69251345)

El rincón naranja de Amelie (http://www.fotolog.com/elrincondeamelie/53302756)

¡Muchas gracias!

¡Gracias por estos maravillosos 33!

Hace unos años, tres para ser exactos, publiqué en este mismo blog un post que decía "Tengo 30 años y (no) quiero tener 30 años", en el cual mencionaba mi satisfacción por los años cumplidos y la esperanza que tenía en los años venideros.

Hoy, tres años después, creo que no puedo estar más de acuerdo con esas palabras y todas las buenas cosas que me han ocurrido. Los años pasan, la gente cambia, pero en el fondo seguimos siendo los mismos. Y la gente que está lejos se sigue sintiendo cercana, como si nos hubiésemos abrazado ayer. Los verdaderos amigos no abandonan, la familia crece pero no desmejora.

Además, en estos 3 años he tenido numerosas aventuras laborales, muy interesantes y entretenidas todas, en las que he conocido gente maravillosa, amigos que siguen conmigo pese a los cambios y grandes personas que me han enseñado muchas cosas de la vida que o desconocía o creía dar por sabidas. Vamos, unos regalos de lujo.

Cuando quedan pocas horas (españolas) para que se acabe el 16, puedo decir que me siento muy bien acompañado por todos quienes, desde distintos puntos del globo, me han enviado un mensaje de cumpleaños. Tengo ganas de contestarles a todos (lo intentaré poco a poco) y ponernos un poco más al día, sobre todo con aquellos de los que no sabía hace meses. Pero como decía, da igual el tiempo y el espacio, porque sabemos que siempre estaremos ahí.

A todos y todas quiero darles las gracias por hacer de este agitado día, un momento especial y una oportunidad para celebrar a través de las palabras, los recuerdos, los besos, los abrazos, los mensajes, las llamadas y lo que haga falta. No puedo estar más agradecido de que sean parte de mi vida. ¡Gracias!

Kevin Johansen + Liniers

domingo, 15 de noviembre de 2009

¡Qué bueno el concierto!

La verdad es que no me imaginaba cómo podían cuadrar en un mismo escenario un dibujante y un cantautor, sacando lo mejor de cada uno y, quizás lo más complicado, transmitirlo al público. La respuesta la tuve a los 30 segundos de comenzar el espectáculo.

En el auditorio de la Casa de América, Johansen se paseó por muchos de los éxitos de sus discos mientras Liniers, sentado en una mesa y con una cámara cenital, proyectaba en una pantalla los dibujos que hacían referencia a cada canción, plagados de humor, sensibilidad y mucho talento. Y es que entre ambos se notaba una relación tan estrecha, relajada y graciosa, que cada intervención era recibida por carcajadas, aplausos y algún grito cómplice.

La idea, era presentar en Madrid el libro Oops!, en el que Liniers ilustró algunas de las historias contadas por Johansen en sus canciones. Lamentablemente, cuando salimos ya se habían agotado las existencias y no pudimos comprarlo, pero seguro que se podrá encontrar por Internet.

Había visto a Kevin Johansen + The Nada en la sala Galileo hace unos 5 años y me gustó mucho comprobar que, en directo, sigue siendo un animal. Tiene un talento natural como cantante, letrista e instrumentista, al punto que esta vez no tenía más acompañamiento que su guitarra y, a ratos, parecía una orquesta completa. Por otra parte, a Liniers prácticamente no lo conocía pero, tras el concierto de ayer, resulta apetecible adentrarse en su obra y conocer el talento de este dibujante argentino.

Un espectáculo genial, gracioso, distinto y cercano, al punto que, en las más de dos horas de duración, no bajó su nivel en ningún instante. Sólo eché en falta dos grandes canciones: "Logo" y "Sur o no sur", pero pude reafirmar que "Anoche soñé contigo" es una de mis favoritas.

Vaya semana musical

jueves, 12 de noviembre de 2009

Llevo unos días de no parar. Entre todas las cosas que hago, he tenido la oportunidad de ir a varios conciertos.

A los ya comentados de "Whale Watching Tour" y el de Sakamoto de ayer, el sábado pasado me tocó ver la presentación de la Pequeña Orquesta Audiovisual, un espectáculo de improvisación, trabajando textura musical, con 3 músicos en vivo y una proyección de vídeo. Más bien era un avance de lo que harán, pero promete ser un cúmulo de estímulos interesante para ver y oír.

Además, el sábado voy a ir a ver a Kevin Johansen + Liniers, en la Casa de América, otro concierto que promete ser toda una experiencia. Ya vi a Johansen en vivo hace casi 5 años en Madrid y fue alucinante. Seguro que otra vez será así.

Y con eso, cierro 8 días y cuatro conciertos. De momento no tengo nada más agendado, pero ¿quién sabe?

El des-concierto de Sakamoto

Esta noche, por esas cosas de la vida y gracias a la señorita Amelie Orange, estuve en el concierto que Ryuichi Sakamoto dio en el Circo Price de Madrid, uno de los que dará en la gira europea que está llevando a cabo. Pero desde el momento en que me senté en la silla, se apagaron las luces y este hombre se puso a tocar el piano, me di cuenta de que no estaba en un concierto, o no al menos en uno según el significado que tengo en mi cabeza.

Llamar concierto a lo que Sakamoto hizo esta noche, es menospreciarlo. Para mi gusto, ha ofrecido un magnífico espectáculo desde la sobriedad, el talento, la tranquilidad creativa y un refinado gusto para una selección musical en la que repasó algunos de sus éxitos (composiciones, por ejemplo, para la película "El último emperador") y presentó las novedades que se encontrarán en su próximo disco, "Out of noise" y en su propia revisitación "Playing the piano".

No conozco su trayectoria al completo y sé que tiene cosas más "electrónicas" y modernas que no son de mi total agrado. Pero el espectáculo que presencié desde la cuarta fila de una abarrotada sala, fue un paseo por piezas de una belleza y delicadeza que -con el perdón de los entendidos- no oía desde Michael Nyman, y sólo acompañado por una puesta en escena mínima, unos pocos juegos de luces proyectados sobre una gran pantalla y unos minimalistas vídeos.

Muchos deberían aprender de su personalidad sobria (quizás demasiado "japonesa" para los occidentales, porque apenas intercambió un par de palabras con el público), de su talento, de su sencillez y, quizás la lección más importante: que la grandilocuencia no es sinónimo de grandeza.

"Julie & Julia" (2009)

domingo, 8 de noviembre de 2009

La última película de Nora Ephron es casi tan dulcemente empalagosa como su filmografía (Tienes un e-mail o Sleepless in Seattle), pero eso no la hace menos encantadora y entrañable. En ella, nos cuenta una historia a dos voces sobre la vida de mujeres que renacieron gracias al arte culinario.

Julia Child se hizo famosa en Estados Unidos por su libro "Mastering the art of french cooking", nacido entre los fogones de Paris, Marsella y Oslo, después de estudiar en la famosa escuela "Cordon Bleu" de la capital gala y de especializarse con otros destacados chefs de la época. Por otra parte, Julie Powell se aventura en el Nueva York post 11-S a repetir todas y cada una de las recetas del libro de Child en un plazo de 365 días, mientras escribía su experiencia en un blog (que todavía se puede encontrar en Internet como The Julie/Julia Project)

Ephron nos ofrece en paralelo la historia de estas dos mujeres y, entre recetas, ingredientes y patos deshuesados, nos revela el pasado y presente de ambas, sin que ambas jamás lleguen a encontrarse más allá de la imaginación de Powell, mostrándonos también el entorno de ambas en sus distintas épocas y la razón por la que se convirtieron en "heroínas" para muchos seguidores.

Interpretadas por Meryl Streep (Julia) y Amy Adams (Julie) -que vuelven a coincidir después de La duda (Doubt)-, la primera hace una magistral interpretación, adquiriendo un tono de voz y un fraseo muy cercanos a la original (se pueden buscar vídeos en Youtube para confirmarlo) y seguro que le traerá nuevos reconocimientos a su carrera. Adams, en tanto, sigue confirmando que es una de las "nuevas" actrices con mayor proyección. Habrá que ver cómo desarrolla ese talento y cómo lo utiliza, porque todavía carece de la madera absoluta para ser considerada una de las grandes.

Correctamente filmada, tradicional y predecible, pero no menos sabrosa y tierna, "Julie & Julia" es entretenimiento sano y sencillo. No hay que buscar segundas intenciones ni rompedoras tendencias, simplemente porque no es lo que la directora pretende ni ha pretendido nunca. Fiel a su estilo, nos ofrece una de esas cintas que nos gustan e incluso repetimos, simplemente por no buscar ser nada más de lo que es.

Bellas imágenes de Paris (una ciudad soñada), una banda sonora de Alexandre Desplat muy normal y no especialmente llamativa, y un puñado de actores secundarios de calidad, como Stanley Tucci (sigo esperando que tenga más protagonismo) y Chris Messina. Especial para un domingo por la tarde.

Contrastes

sábado, 7 de noviembre de 2009


Ayer tuve una sesión de tarde-noche en la Casa Encendida. La verdad es que sólo iba a ver un concierto: "Whale Watching Tour", de Sam Amidon, Ben Frost, Nico Muhly y Valgeir Sigurdsson. Creo que es la tercera vez que voy "a ciegas" a un evento de éstos y el resultado no pudo haber sido mejor, pues fueron dos horas de música bien hecha, distinta, interesante y de calidad. Simplismo folk, efectismo épico, la suavidad de violas y violines, hasta el tosco y vibrante sonido de los bajos; y, por encima de todo, un grupo de músicos con mucho talento, carisma, buen gusto y buen humor.

Lo lamentable es que, cuando quedaban 15 minutos para las 11 de la noche, prácticamente los sacaron del escenario, porque el recinto cerraba a las 23 horas y no podían seguir, pese a la presión de los que estábamos en el público. Y es que cuando uno va a un buen espectáculo, no quiere que acabe. Magnífica propuesta y por sólo 3 euros. ¡Viva la obra social de los bancos y cajas de España!

Pero, antes de entrar al concierto y ya que estábamos por ahí, entramos a ver una exposición de Thomas Hirschhorn llamada "INGROWTH", que me pareció espantosa. Maniquíes agujereados con fotos de accidentes, crímenes o lo que sea, con gente reventada, desparramada... un monumento al mal gusto. A mí me dirán lo que quieran, pero este tipo de expresiones no me parecen ni artísticas ni agradables. Si la gente quiere verla, que lo haga, porque para eso somos libres; otra cosa es que yo pueda reconocerle un mérito que no encuentro ni necesito encontrar.

¿A esto le llamamos políticos?

jueves, 5 de noviembre de 2009

Reproduzco una nota de la Agencia EFE (publicado en 20Minutos.es):

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, ha afirmado este jueves: "Si hiciésemos una subida de impuestos generalizada y consiguiéramos repartir más dinero entre los parados, cada vez habría más parados. Lo demuestra la experiencia".

Y yo me pregunto: ¿será una hija de la gran puta?

Vamos a ver, los parados no están sin trabajo por la mierda de dinero que reciben mes a mes, sino porque las empresas están reduciendo costes en una situación de crisis que si bien se está produciendo ahora, es herencia de todas las políticas económicas erróneas tomadas desde los tiempos de Felipe González, pasando por Aznar y hasta Rodríguez Zapatero. La burbuja inmobiliaria y una economía absolutamente "inflada" para aparentar más ante las grandes potencias europeas no son cosa de los últimos 5 años, así que no nos llenemos la boca con ideas absurdas y culpemos al inútil manejo del actual gobierno de todos los males.

Volviendo al tema: Señora Esperanza, lamento decirle que dándole la vuelta a sus palabras, quizás habría menos políticos si no pudiesen ganar todo el dinero que cobran, roban o se desvían. Si no, mire lo que está ocurriendo en gran parte de los ayuntamientos españoles, por no mencional el caso Gürtel, que tan de cerca le toca. Si lo suyo fuese vocación política (de acuerdo a su real significado), no tendríamos que leer estupideces como ésta que ha dicho.

De la misma forma, si pagaran a la gente por ser unos cabrones, poco solidarios y por vivir en una realidad ajena a lo que sucede en la calle (¿o todavía tiene problemas para calefaccionar su palacete? Ni le cuento la de gente que se muere de frío en las calles), seguro que usted doblaría su fortuna.

Es lamentable que siga haciendo este tipo de papelones casi a diario y que la gente todavía le vote. Se les debería caer la cara de vergüenza.

Bitácora de viaje (XI y última) - Día 10 (y parte de día 11): Manhattan - Upper West Side - JFK - Madrid (11-12/10/2009)


Nada más despertarnos, comenzamos a recoger las cosas, acabar de hacer las maletas y dejar todo más o menos recogido, porque a las 11 había que salir del piso. Amablemente, Adam y Bryn nos habían ofrecido dejar las maletas en su casa hasta la hora del aeropuerto, así que después de desayunar, dar un paseo cerca del piso, bajar la basura, subir a casa y cerrar todo, nos fuimos hacia el departamento de los “Strong” (su apellido) que estaba en la Calle 100. Como íbamos cargados con 3 maletas, no quedó más remedio que ir en taxi (con lo que cerraba el círculo de avión – metro – barco – autobús – taxi) para decir que había probado casi todos los medios de transporte en Nueva York. Pero Ivor se dejó el gorro en el piso, así que en vez de pasear por la calle 100, volvimos a la 72 donde por suerte estaba la chica limpiando y nos dio el gorro. Caminamos otro poco por la zona, me aventuré en una rápida visita de 10 minutos a Loehmann’s, y volvimos hacia casa de Bryn y Adam, donde habíamos quedado todos para comer algo antes de irnos hacia el aeropuerto.

Gracias al día de agradable sol y temperatura templada, nos sentamos en la terraza de un restaurante francés que era muy bonito, pero donde nos atendieron mal, tardaron mucho y sin ser nada especialmente barato (sin ser caro tampoco). Una ensalada de mierda después y un par de trozos de una pizza con higos y roquefort que estaba deliciosa, nos pusimos en marcha para coger el taxi al aeropuerto, ya que compartido era más barato y cómodo.
En un paseo en el que cruzamos el barrio de Harlem (muy pintoresco y que quedó pendiente de visita), llegamos al aeropuerto 45 minutos después, justo a la hora precisa para facturar las maletas, pasar policía y hacer las últimas compras duty free: el New York Times del domingo (siempre había querido comprar uno), un par de regalos, cigarros, etc.

Subimos al avión, 7 horas de vuelta y a las 7:45 de la mañana estábamos entrando en la casa directos a dormir, descansar y a no caminar en unos cuantos días. Nos acompañaba la nostalgia de una ciudad que te quita el aliento, te llena de muchas cosas y te pide que vuelvas a verla muchas, muchas veces.

Bitácora de viaje (X) - Día 9: Central Park - Nolita - Little Italy - Soho - West Village (10/10/2009)

El día comenzó con un agradable paseo por Central Park, después de un reponedor desayuno cerca de casa. Como era sábado, estaba lleno de turistas frente al edificio Dakota y la entrada de Strawberry Fields, el “santuario” que recuerda a John Lennon en el parque. Además, al ser fin de semana, se notaba que había un aumento del número de “corredores”, porque incluso cortando el acceso de los coches a Central Park, las calles estaban abarrotadas y tenías que esquivar a las bicicletas, los que corrían y a algún esperpento turístico (yo para esas alturas ya me sentía parte de la casa y viendo a los turistas persiguiendo la estela del ex Beatle, la verdad es que daba un poco de vergüenza ajena ser turista).

La verdad es que si analizamos el paseo por Central Park (2 horas), la extensión recorrida (desde la calle 72 a la 90, de oeste a este) y las dimensiones del parque, no cubrimos creo que ni el 15% del parque. Eso sí, pasamos por varios puentes, prados y bosques, además del Metropolitan Museum, para finalmente salir a la altura del Guggenheim Museum. Como siempre que voy por primera vez a una ciudad, no entré a ningún museo, pero estuve fuera al menos de 3 de los más importantes. Alguno caerá en la próxima visita. Aunque debo reconocer que no soy carne de museo ni me vuelvo loco por las grandes obras de arte. No conozco más una ciudad por la cantidad de cuadros o esculturas visitadas, sino por la cantidad de calle que he sido capaz de hacer. Las ciudades se viven desde el cemento y no desde el mármol; y antes de perder 3 horas intentando entrar a un museo, prefiero patear durante 3 horas las calles o sentarme en un café a mirar a la gente porque es de ellos de quienes se nutren mis historias.

Hecho este paréntesis, después de Central Park cogimos un autobús hacia el sur de Manhattan, hacia los barrios más interesantes, modernos, cosmopolitas, auténticos y bonitos de toda la isla.

Nolita (o el barrio que está al “North of Little Italy”, por eso lo de Nolita) parece ser el punto de encuentro de los neoyorquinos jóvenes en fin de semana: los bares, terrazas, tiendas y mercadillos estaban repletos de gente y las posibilidades de tomarte un café o de almorzar eran prácticamente nulas. Dimos varias vueltas disfrutando de las novedosas tiendas y los interesantes artículos que ellas vendían, para pasar a Little Italy, el barrio italiano por excelencia que hoy se confunde/fusiona un poco con Chinatown, aunque ambos han sido capaces de mantener su identidad y su cultura. Ahí almorzamos en “La Mela”, un grupo de restaurantes que bajo el mismo nombre, dan una comida italiana muy bien preparada, muy abundante y no excesivamente cara. Tampoco es lo más barato, pero que te quiten lo comido. El tiramisú de postre estaba rico y el café, ídem.

Aquí debo contar la anécdota del baño. Cuando digo que voy a pasar al servicio antes de seguir con la ruta, me dice Ivor que me lleve un dólar a mano. Sin entender mucho la razón, saqué mi dólar y bajé las escaleras. Llego y todo era lo habitual. Hice lo que tenía que hacer y al salir, según me acercaba al grifo, un hombre se acerca rápidamente, abre el agua caliente y fría (para que saliese a una temperatura agradable), me echa jabón en las manos, y mientras me las lavo con cara de asombro y sin comprender qué ocurre, me espera al lado con unas toallas de papel para secarme. Miro con más detalle lo que rodea el lavamanos y veo todo tipo de cremas, lociones, aguas de colonia, gel para el pelo, etc., a la espera de algún cliente más presumido. No puedo evitar sonreír, dejo el dólar en la cesta de las propinas y me marcho, no sin antes pensar en que Estados Unidos jamás dejará de sorprendernos.

Como había que bajar los excesos cometidos, el paseo continuó hacia el SoHo (“South of Houston” o al sur de la calle Houston que, ¡ojo!, no se pronuncia “jiuston”, sino “jauston”… cosas de los americanos) donde nos “perdimos” casi toda la tarde porque todo era alucinante: tiendas de diseño, de vanguardia, tradicionales, antiguas, modernas, de libros, de ropa, de accesorios, de cosas de casa, de muebles, de lámparas, de todo; pintadas en las calles, grafittis, las casas, los edificios con sus escaleras de incendio, lo antiguo, lo moderno. Y todo ello perfectamente diseñado y colocado para ser todo un espectáculo. La próxima vez que esté en NY sin duda que el SoHo será uno de los lugares en que más vueltas daré.

Pero el día se iba rápidamente y había que continuar: luego de un cocktail en una terraza que prácticamente daba inicio al West Village, nos adentramos en este barrio para al menos ver qué había en él y si seguíamos encontrando cosas curiosas para mirar. Y la respuesta fue afirmativa: merece la pena también recorrerlo y disfrutarlo. Quizás es un poco menos sofisticado que el SoHo, pero no por eso menos encantador e interesante. Es otra de las tareas pendientes, porque el Village en general ha sido escenario de muchas películas y series, y promete tener mucha vida por contar entre sus calles.

Ahí nos encontramos con el resto de la panda: David, Nacho y Adam, para sentarnos a cenar en un mexicano llamado “Diablo” donde la comida era agradable pero no era la mejor que había probado en mi vida. Después de cenar, fuimos a tomar algo a un pub irlandés (o inglés), que no recuerdo muy bien, donde nos dimos cuenta del cansancio acumulado del día y de la semana. Ya comenzaba a notarse el final de las vacaciones. De regreso a casa y a dormir, que otra vez había que “madrugar” al día siguiente.

Bitácora de viaje (IX) - Día 8: Manhattan - Top of the Rock - Fifth Avenue - Grand Central - Ground Zero - Tao (09/10/2009)

miércoles, 4 de noviembre de 2009

El día comenzó pronto y desde las alturas: después del punto de encuentro nos fuimos caminando hacia “Top of the Rock”, lo más alto del Rockefeller Center. Sin saberlo era el lugar de origen de una de las fotos que seguramente todos hemos visto, pero no conocíamos el sitio donde había sido tomada. Después de comprar el ticket y pasar por seguridad, coges el ascensor hasta la planta 74, trayecto que debe tardar unos 30 segundos o poco más, en lo que parece una “lanzadera espacial”: impresionante. Sales a la terraza del edificio y te encuentras con unas maravillosas vistas de Nueva York, en todo su esplendor. Tienes el Empire State al frente y Central Park visto en toda su extensión. Lugar perfecto para sacar fotos y disfrutar de una visión de 360º de toda la isla de Manhattan, además de las zonas al otro lado del río.

Después de estar unos 40 minutos por ahí y ver aviones pasar muy cerca (sí, el 11-S todavía está muy próximo, aunque es entendible teniendo 3 aeropuertos en la ciudad y uno de ellos –La Guardia- a muy poca distancia), decidimos volver a tierra firme y dar un paseo por la Quinta Avenida que, tal como hemos visto muchas veces en cine o televisión, está llena de tiendas y turistas y más tiendas y más turistas. Aprovechando la cercanía nos acercamos hacia Grand Central, una estación de trenes que tiene un inmenso hall y que es bastante bonita de ver. Pero como el tiempo ya jugaba en nuestra contra, había que continuar con el paseo y las compras.



Vino la experiencia de la tienda “Big & Tall” donde pensé encontrar toda la ropa que necesitaba. Pero no, tampoco. Resulta que soy extremadamente obeso para las tiendas “normales”, pero demasiado “pequeño” o no lo suficientemente gordo para las tallas grandes. Yo todo convencido (intercambio de ideas incluido con el hombre que me atendía) me probé una camisa 2XL y resulta que no solamente cabía yo dentro, sino que podría haber montado un circo con público y todo.

Al poco vi a dos hombres que entraron a comprar y me di cuenta de lo que realmente era ser big & tall: medían más de dos metros (seguro) y de ruedo, parecían una rotonda. En fin, que al menos me ayudó algo al ego al saber que todavía queda en el mundo gente más grande que yo, cosa que no se siente muy a menudo (menos cuando vas al médico y sin pesarte ni medirte, escribe en una hoja que padeces de obesidad mórbida… pero eso es parte de otra historia).

Finalmente salí de ahí con un par de pantalones y nada más (además de mi habitual dolor de pies esos días). Pero no me daría por vencido. Después de dar algunas vueltas por los alrededores, pasar por la Design Store del MOMA (imperdible), decidimos irnos hacia la Zona Cero, el paseo que había quedado pendiente el día anterior. Decepción la nuestra al ver que está todo vallado y que sólo veíamos la parte superior de las grúas que están trabajando en la reconstrucción del lugar. Entonces, para pasar las penas, había que ir a uno de los mejores destinos para los consumistas: “Century 21” una tienda outlet frente a Ground Zero, llena de geniales ofertas, donde finalmente me compré camisas, calcetines, cinturones, ropa interior, una chaqueta, camisetas y no me compré un abrigo gris por un par de centímetros. Claro está que tuve que comprar una maleta para meter todas las compras y todo muy, muy barato.

De ahí, el destino fue volver a casa a dejar la maleta llena de las nuevas adquisiciones y prepararse para una cena “elegante” a la que David nos había invitado para celebrar su nuevo trabajo. El restaurante se llamaba “TAO”, un asiático en la calle 58, entre Park y Madison Avenues, con un inmenso buda, una decoración impecable, una atención exquisita y un menú de lujo. Lo cierto es que la comida no era tan cara como era de esperar, pero seguro que hay opciones más baratas en la ciudad.

Estaba todo delicioso y la compañía fue inmejorable: además de los 4 que quedábamos en ese momento (David, Nacho, Ivor y yo), conocimos a unos amigos de David que viven en NY (Bryn y Adam) que resultaron ser encantadores y una grata compañía. Muy buena cena. Buscamos un lugar para tomar algo, pero después de andar un buen rato en uno no nos dejaron entrar por no llevar chaqueta y corbata, y al llegar al siguiente decidimos repartirnos y volver a casa, porque ya habíamos andado lo suficiente durante el día y todavía nos quedaba un día y medio de paseo continuado.

Bitácora de viaje (VIII) - Día 7: Manhattan - Brooklyn - Wall Street - Compras frustradas (08/10/2009)

El día comenzó bien, con el tobillo adolorido, pero con ganas de andar y de seguir conociendo la ciudad. Decidimos tomar nuestras cosas e ir hacia Brooklyn, para caminar por ahí, cruzar el Brooklyn Bridge de vuelta hacia Manhattan y hacer la parte baja de la isla, incluyendo Wall Street y Ground Zero (la zona cero).

Al menos la parte de Brooklyn que vimos, mínima por cierto según miramos el mapa más tarde, era un remanso de tranquilidad. Todo ocurría a orillas del East River, por parques y paseos, por calles tranquilas con unos departamentos que ya me gustaría disfrutar: con jardines o terrazas, mirando Manhattan… lo siento, se me va la cabeza y me da por recordar nostálgicamente. Debo decir que nuevamente se me pasó la mano con las fotos y saqué desde la puerta de la casa de Truman Capote hasta los cables que forman parte de los puentes sobre el río. Pero el entorno y el paseo merecían la pena. Pero es que Brooklyn es todo un destino por descubrir. No sólo de Manhattan vive Nueva York...


Alejándonos un poco del río, encontramos una serie de tiendas, galerías y librerías dignas de visitar. En una de ellas me compré 3 libros: “Cómo criar hijos perfectos a través de la culpa y la manipulación” (que es bastante gracioso); otro de cocina en plan: “Sopa de tomate para cuando te quedas sin trabajo” o “Hamburguesas para alguien que tiene el corazón roto” (me los he inventado, pero es más o menos la idea del libro), que me encantó como idea de publicación culinaria-autoayuda, Y el último fue un libro sobre los movimientos, tendencias e idealismos que han cambiado el mundo.

Un poco más adelante, la más interesante y llamativa tienda japonesa llena de música, libros, figuras de comic y anime, entre otras mil cosas. Un festival para los sentidos. Seguimos andando y paseando, estuvimos en la zona que llaman DUMBO (Down under Manhattan Bridge overpass, o algo así como lo que está debajo del puente de Manhattan, que entra varios metros hacia Brooklyn dejando una amplia zona que se ha revitalizado bastante) y que es muy interesante conocer simplemente porque es diferente.

Después nos aventuramos a cruzar el Brooklyn Bridge andando, un paseo que dura unos 35 minutos de punta a punta y que se hace algo pesado entre los turistas y las bicicletas de los locales. Hay que ir con mucho cuidado para no ser arrastrado por los caminantes o atropellado por los ciclistas. Con los pies ya destrozados y la lengua afuera, nos fuimos hacia Wall Street, la zona financiera de Manhattan donde comimos algo rápido con la idea de seguir bajando hasta Battery Park, la punta sur de la isla. Ahí nos vino el bajón y decidimos ir al piso a dejar los libros (que pesaban bastante) para retomar el resto del tour (la zona cero) en otro momento y buscar alguna alternativa para la tarde, lo que finalmente se tradujo en el intento de compras. Y digo intento porque salvo algunas excepciones de urgencia, ese día se quedó sólo en el intento. La maravillosa tienda que yo había visto sólo vendía las tallas más grandes por Internet, así que nada. Cruzamos a Macys donde después de descartar más de la mitad de la tienda porque era horroroso lo que vendían, me decanté por dos camisas más o menos normales que no me convencían pero como no había llevado ropa para toda la semana pensando en el consumo, no quedó más remedio que consumirlas.

Dimos otras vueltas por la zona, pero el agotamiento era tal que nos fuimos derechos a dormir, pasando de la cena que habíamos planeado hacer en algún restaurante cercano. Al final compramos algo en la tienda que estaba en la esquina, cenamos algo rápido y ya está. Creo que a las 10 de la noche estaba en el quinto sueño.

Bitácora de viaje (VII) - Día 6: New York - Vuelta a Manhattan en barco - Times Square - Musical en Broadway (07/10/2009)

domingo, 1 de noviembre de 2009

Un largo y agotador día, pero muy entretenido y plenamente disfrutado. Después de un desayuno reponedor con bagels (son una perdición) en una tienda kosher (por raro que suene... y no se os ocurra pedir jamón en una tienda kosher, porque te miran mal... ¡a mí se me ocurrió!), nos fuimos rápidamente hacia la zona del Pier 83, a la altura de la calle 42 para coger el barco que nos daría una vuelta de 3 horas a toda la isla de Manhattan y nos acercaría a la Estatua de la Libertad.

Debo decir que disfruté como niño pequeño el viaje, aunque se hace un poco largo estar durante 3 horas, sobre todo cuando el tramo final es el más aburrido de todos. Me paré en la proa del barco, cual Titanic, y no me moví de ahí al menos en el 80% del trayecto, aguantando el viento y el frío para sacarle fotos a la Estatua de la Libertad y al skyline de Manhattan. Y ya que estaba ahí, a cuanto puente se me cruzó por delante, a Brooklyn, a parte del Bronx y a todo lo que flotaba en el agua. Pasamos por puentes que se elevaban, otros que giraban y por muchos sitios que, sinceramente, no tenían mayor atractivo que ser parte de NY, pero aguanté estoicamente lo que pude y mi cámara no me abandonó.

Supuestamente se oiría fuera lo que contaba un hombre con una voz destinada a dormir hasta al turista más despierto, porque tenía una cadencia que te iba adormilando poco a poco, lo que sumado al movimiento del barco, parecía la mejor canción de cuna jamás vista. Pero no, menos mal que fuera no se oía. Pero en el tramo final, cuando entré a sentarme dentro, a punto estuve de caerme redondo en medio del pasillo mientras me dejaba arrullar por ese "canto de sirena".

Después del paseo y las casi 200 fotos que hice, llegó la hora de despedir a Kathe y a Celine que volvían a Madrid. Las acompañamos y luego volvimos a casa a dejar algunas cosas. Pero la ciudad seguía ahí fuera y había que salir. Al poco rato, nos preparamos para caminar hacia la zona de Times Square, el Theatre District y a comprar un encargo que me habían hecho (todavía no puedo decirlo, porque es una sorpresa).

Anduvimos desde la calle 72 a la 49, cruzando el Columbus Circle (donde hay una de las tantas torres de Donald Trump) y que es también una de las esquinas de Central Park en la West 59th Street. Una vez cumplida la misión del encargo, nos encaminamos hacia Times Square para ver esa infinidad de carteles luminosos, las torres llenas de pantallas con anuncios y los miles de turistas que iban en busca de alguna entrada nocturna para Broadway. Como nosotros ya las teníamos, no nos preocupamos mucho y seguimos andando.

Callejeamos por la zona, pasamos por el Radio City Music Hall (mucho más “pequeño” de lo que pensaba), por el Rockefeller Center, la Catedral de Saint Patrick, la Iglesia de Saint Thomas, por el MOMA y por otros lugares aledaños. Localizamos el teatro donde habíamos quedado e hicimos una parada técnica en un café para contrarrestar el frío y el sueño. En ese momento agradecí el exagerado tamaño de los cafés en EE.UU., porque necesitaba unos cuantos para ser persona otra vez. La verdad es que en NY es todo grande: los edificios, las calles, los parques, los puentes, el río, la estatua, el café... y no se te ocurra pedir un bagel con queso philadelphia y jamón de pavo si no tienes mucha hambre, porque será una capa bastante gruesa de queso y unas 6-8 lonchas de jamón (eso dijo David). Yo sólo vi la capa de queso y ya era notable.

Una vez de regreso en la calle encontramos un lugar que era un oasis de tranquilidad: una terraza a media luz, con mesas y sillas para sentarse tranquilamente, mientras disfrutabas de una cascada cayendo por una inmensa pared, que te hacía perder por completo la sensación de estar en el corazón de Manhattan. Comentándolo con la gente, parece que es común que en NY existan esos remansos de paz (que no son como las terrazas de los bares o de las cafeterías, sino lugares de descanso "abiertos" al público sin fines de lucro) en los cuales puedes sentarte a disfrutar de un café, un libro o a ver la gente pasar.


Fotos mediante, ya se acercaba la hora de ir al musical, así que nos encaminamos hacia el Winter Garden Theater, donde estaban dando Mamma Mia!, el musical de Abba. Resta decir que lo pasamos genial y que el musical estaba muy bien hecho. No es por nada, pero a Madrid le falta mucho aún para ser una capital de musicales (aunque va bien encaminada). El teatro, además, era gigantesco y muy bien dispuesto para que todo el mundo pudiese ver sin problemas el escenario (siempre y cuando no le tocara un japonés cabezón como a mí, al que tuve que esquivar entre Waterloo, Voulez-Vous, Dancing Queen y Take a chance on me).

La idea al salir del teatro era cenar algo por ahí, pero el cansancio arreciaba y había que prepararse para el siguiente día que prometía ser bastante intenso. Nos metimos al metro para ir a casa y estuvimos esperando cerca de media hora y sólo pasaban trenes de la línea D y no de la B que era la que nos servía. Hasta que se nos ocurrió preguntar y nos enteramos de que la línea B llevaba dos horas sin pasar. Así que de vuelta a la calle, caminar otro poco y coger otra línea de Metro. Al final, ni cena ni descanso ni nada. ¡Cosas del turismo!

Bitácora de viaje (VI) - Día 5: Fleischmanns - New York (06/10/2009)

El desayuno, como no, fue muy abundante: bagels, tostadas, miel, queso crema, magdalenas, leche, café, té, fruta, pastel de calabacín (sí, para el desayuno…), chocolate caliente, etc. Nos pusimos hasta las cejas, recogimos maletas y nos fuimos, no sin antes hacer otra sesión de fotos frente a la casa.

Desde ahí casi no paramos hasta llegar al Woodbury Common Premium Outlet (recomendado no sólo por Pili y Raúl, sino que también por los Sommer), un centro comercial al aire libre, lleno de tiendas, de ofertas y donde comenzamos la sesión de compras neoyorquinas. Fue todo un récord recorrerlo en dos horas, comprar, ir al baño, cambiarse de zapatos, fumarse un cigarro y ponerse al día respecto a las nuevas adquisiciones una vez que nos volvimos a encontrar. Compras hechas y viaje resuelto. El siguiente destino era el aeropuerto de JFK para dejar los coches, coger el metro e ir hacia nuestros respectivos alojamientos en Manhattan.

Después de dar unas vueltas alrededor del aeropuerto para poder echar gasolina y devolver el estanque lleno, logramos encontrar el acceso al Car Rental y devolver la van. Nos repartimos las maletas, bolsas, zapatos y cosas que estaban dando vueltas, y nos fuimos hacia el metro que, en el primer contacto (y también el segundo, el tercero y el cuarto) es un poco complicado. No cuesta nada salir del aeropuerto hacia Manhattan, pero una vez que estás ahí y tienes que elegir la estación, la línea (por la que corren varios metros en distintos momentos), subirte o no a un metro express que no para en todas las estaciones y lidiar con la gente, las maletas, etc. En fin, que en vez de parar en la 72 que era nuestra parada, fuimos a dar a la 125; así que otra vez a coger el metro de vuelta y bajarse en el lugar correspondiente. Cerca del piso estaba el edificio Dakota (donde vivió John Lennon), Central Park, la calle Broadway y la Columbus Avenue. Muy bien ubicado en el Upper West Side. Mientras, David y Nacho se iban al Candy Hotel (lo siento, pero tiene nombre de cabaret de mala muerte), que quedaba unas 20 calles más arriba y donde, por lo visto, estuvieron muy bien.

Llegamos al departamento, dejamos las cosas, descansamos un momento y al poco rato volvimos a salir. Pero la primera impresión del piso no fue muy alentadora: era pequeño, aunque agradable. No obstante, me mató el baño, porque tenía un mínimo espacio entre la bañera y una columna, para poder sentarse (nos entendemos ¿no?). Es decir, que para gente tamaño XL no era muy acogedor. Agobios aparte, salimos corriendo porque se nos pasaba la hora y habíamos quedado sobre las 18 horas en Chinatown (no está mal como primer barrio de contacto con Nueva York). Al final, llegamos un poco tarde, pero nos encontramos con David y Nacho, y nos fuimos andando desde ahí al Meatpacking District, donde nos esperaba una cena en “The spice market”.


La caminata fue larga y agotadora, entre el cansancio acumulado y la mucha gente que había en la calle, se hizo pesada. Algo más de una hora después, y luego de cruzar parte del SoHo o del Village (la verdad es que no me enteré de mucho porque estaba oscuro y sólo me concentraba para no joderme más el tobillo, así que iba mirando hacia abajo), llegamos a esta zona de NY que antes era donde se concentraban las carnicerías y que se ha reconvertido en un barrio muy moderno, lleno de bares, restaurantes, tiendas y pisos. Todo muy luminoso, con una mezcla curiosa de viejo/nuevo, y con muchas cosas por descubrir. Una de las cosas más interesantes de este barrio y de todo NY, es el arte callejero, las pintadas, grafittis y todo lo que se puede encontrar en las paredes. Hay algunas que te dejan con la boca abierta.

Como la reserva era más tarde, entramos a un bar llamado “Revel” (10, Little West 12th Street) con un jardín y un árbol dentro, a tomar unos “cocktails” mientras esperábamos. El lugar era impresionante y, además, creo haber visto a Ben Kingsley (el Gandhi de la película) sentado en la primera mesa, aunque no puedo asegurarlo con total certeza. Ya con uno o dos cocktails en el cuerpo, nos encaminamos hacia “The spice market” (West 13th Street con la 9th Avenue, http://www.spicemarketnewyork.com), un antiguo mercado de especias reconvertido en restaurante. No puedo decir otra cosa que no sea “impresionante”: muy bonito, cuidado, con buen gusto. Nos llevaron a un reservado en la planta baja, con unos cómodos y mullidos sofás donde nos sentamos a degustar todas las cosas ricas que nos trajeron: rollos de pato, samosas de pollo con especias, sopa de calabaza y jengibre, pollo con naranja y pomelo, carne con una salsa de hierbas que estaba sensacional, y otras muchas exquisiteces. Y todo acompañado de arroz aromatizado y verduras.

Ese día vi una de las cosas más curiosas que me tocó ver en NY: el hombre del agua. Aquí en España si pides agua te llevan una botella individual, una grande o una jarra de agua y la dejan en la mesa. No, en NY te ponen el vaso y hay una persona que está toda la noche rellenándolos no cuando están vacíos, sino cuando apenas le das un par de tragos. Luego contaré la otra impresión que me llevé en el baño de un restaurante de Little Italy.

Y aunque parezca raro, que también es otra de las sorpresas en NY, es que comer no es nada caro. Toda esta maravillosa cena nos salió a cada uno por 30-35 dólares, unos 20-25 euros (para la familia chilena, unos 15 mil pesos). Desde ahí, caminamos un poco por la zona disfrutando de las tiendas, la escalera de cristal del Apple Store y de otras muchas cosas que había por ahí para mirar: edificios o terrazas que cambiaban de color, árboles de luces, etc. De ahí el metro a casa y a dormir, que estábamos todos agotados.

El plan para el día siguiente era encontrarnos a las 9 y ver qué haríamos, aunque ya había algunas ideas rondando.