domingo, 15 de junio de 2008

Recuerdo...

Una de las cosas buenas que ha traído Facebook es el reencuentro de los compañeros de colegio y, con ellos, una cantidad de recuerdos de hace tanto tiempo que, el día a día, nos impide traer a la luz. Pero como ejercicio de memoria y para ver como pasa el tiempo, no está mal recuperar una de aquellas fotos (específicamente, una de hace 22 años) en la que estábamos todos uniformados y con ganas de crecer para enfrentar la vida de "grandes".

Seguro que, más de alguno, quisiera estar en un lugar así. Yo, al menos, prefiero estar donde estoy y usar la nostalgia como ejercicio. Creo que nunca hay que volver atrás y siempre hay que mirar hacia el futuro, aunque volver los ojos de vez en cuando, nos recuerde de donde venimos, para posar nuevamente los pies en la tierra y disfrutar de lo que la vida nos ha regalado, bueno o malo.


Aquí estábamos en IVº de EGB. ¿El año? 1986.

Indiana Jones IV

Esta tarde fui a ver "Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal", la cuarta parte de la saga de George Lucas y Steven Spielberg. El veredicto: cine de entretenimiento.

Muchos han hablado de lo extraño del final de la acción y de lo facilón que resulta el desenlace. Mi opinión: por favor, no debemos idealizar estas películas. Ninguna de ellas se ha caracterizado por un gran guión, por su certeza histórico-cultural o por su profundidad. Sólo es un evento cinematográfico para las masas, que busca la acción y la risa por partes iguales. Y es principalmente ahí donde radica su éxito y su encanto.

Creo que está a la altura de las anteriores: tiene momentos geniales, escenas de acción en las que, incluso, olvidamos que Harrison Ford supera los 60 años. Y una villana de lujo: Cate Blanchett, quien se luce en su papel de rusa staliniana con motivaciones paranormales. Una saga en un buen estado de salud y que deja con ganas de ver más historias del arqueólogo y profesor menos ortodoxo del Séptimo Arte.

Una aclaración...

Ya sé que tengo fama de poseer un humor negro bastante negro. Pero, la foto que colgué ayer con el chiste de las burkas, no es más que una sorpresa que me llevé en una de las librerías del Navigli de Milán cuando me encontré con un libro que contaba las tragedias de una mujer afgana, profesional y liberal, que se vio de la noche a la mañana encerrada tras la rejilla del burka.

Lo genial, es que esa trágica historia iba acompañada de una serie de dibujos de un humor muy agudo y que, como era lógico, me hicieron llorar de la risa un buen rato. Esta es una pequeña muestra. Si encuentro algunos más, os iré colgando como una forma de homenajear a todas aquellas personas que, tras un burka o detrás de cualquier apariencia, deben esconder una parte de sí mismos para sobrevivir.

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