"No la pague con el telemensajero"

lunes, 28 de julio de 2008

Este es un extracto de un artículo publicado por "ElPais.com" y que se refiere al trabajo de los teleoperadores y las empresas que representan. Al menos, y con lo molestos que resultan, la gente sabe distinguir aún entre el empleado y el empleador.
"Un aspecto revelador es que el cliente sabe distinguir entre quien le atiende y la compañía. Así, mientras la satisfacción con el teleoperador alcanza una puntuación de 2,75, la satisfacción con el servicio desciende hasta los 2,52 puntos, demostrando que hay elementos de la política informativa que se atribuyen a la compañía y no a su personal.

Y es que aunque no lo diga el estudio, la precariedad, la falta de formación y los bajísimos sueldos que reciben estos trabajadores explican por sí solos muchas de las deficiencias de los llamados call center. Así que, ante "un momento, por favor", no la pague con el telemensajero
".

Algunos de los asistentes

martes, 15 de julio de 2008









El muro de Berlín

La historia del Muro de Berlín, su gestación, permanencia, opresión y fin, es un capítulo de la historia de Alemania, de Europa y del mundo entero que se debe conocer. No sólo separó una ciudad en dos, sino que dividió al mundo simbólicamente desde el corazón de Europa. Un pequeño homenaje a todos quienes lo padecieron y a quienes lo destruyeron. Que el mundo sea capaz de aprender de sus errores y que la historia nos enseñe a no repetir los grandes errores.

Berlín todavía es una ciudad que se reconstruye y busca su nueva identidad. Marcada es aún la diferencia entre este y oeste, pero es una ciudad llena de vida, de culturas y de ganas de salir adelante. Sin duda, un destino para disfrutar al máximo, para aprender de su ejemplo y para permitirse convivir con el pasado y el presente.

El castillo, el muro y Berlín

Ya he vuelto de Berlín. Cuatro días de intenso viaje, muchas emociones, pasarlo bien, caminar, subir, bajar y disfrutar. Tengo los pies destrozados, pero feliz de que estén así. Y es que, como el destino que me tocó en este tour, todo ha sido de contrastes.

El viernes, después de trabajar hasta las 15, preparar las cosas del viaje, volar, llegar a Berlín, encontrarnos
con los otros 9 que se son sumaban y, de ahí, carreteras y caminos perdidos hasta el castillo, llegamos a eso de las 3:30 AM a nuestro destino, donde algunos ya dormían y otros, seguían de fiesta a la espera de los visitantes. Al poco rato, ya estábamos metidos en la cama y durmiendo, porque había sido muy largo el día.

El sábado, amanecí a eso de las 9:30 de la mañana, me duché y bajé al desayuno tipo buffet que nos habían preparado. Comenzaba a despertar el tropel llegado el día anterior y a aparecer los que venían el sábado para sumarse a la fiesta. En total: 120 personas, de múltiples nacionalidades, orígenes e idiomas. El castillo o palacete o casa grande, no estaba en las mejores condiciones, pero era un lugar agradable para pasar un par de días.

El resto del día fue entre café, frutas, cuscús, sandwiches y cosas que iban sacando a medida que pasaban las horas, esperando el gran evento que comenzaba a las 18 horas con una sorpresa. Mientras, nosotros preparábamos la sorpresa para la anfitriona y organizadora: Diana, que tras una labor titánica, pudo coordinar a todo el mundo para que todo resultara bien.

Dos paseos hasta el pueblo de al lado, con visita al ceme
nterio a la orilla de una iglesia incluido, nos mantuvo despiertos lo suficiente como para que no decayese el ánimo. A las 18, comenzó la juerga con "la sorpresa": un grupo de percusión nos hizo bailar un buen rato y comenzaba a calentar el ánimo de los presentes.

Luego, el gran buffet a la hora de la cena con mucha comida, barra libre y eventos varios entre plato y plato. El primer intermedio, fue para darle a Diana su sorpresa: en
tre todos, habíamos reunido una buena cantidad de dinero para que se comprase o un portátil o un IPhone... ya nos contará lo que ha hecho con él. Además, una alcancía con algún aporte para cubrir otra parte de los gastos que, según se comenta, han sido muy elevados.

Volvía la comida, más contundente y, acto seguido, actuación de un gru
po de rock, amigos de Diana (obviamente) que tocaron un buen rato. A partir de ahí, que ya pasaban de las 11:30, comenzó la sesión de DJ's y música para bailar. Como siempre, no se puede dar en el gusto a todos, pero estuvo bastante bien.

Yo aguanté hasta casi las 4 AM, pero siguieron hasta las 6. Al día siguiente, rápido desayuno y de camino a Berlín, que ya comenzaban a volver los primeros. Después de eso, nos fuimos al hotel (que ya eran casi las 5 de la tarde), a comer algo por la zona y a la ducha. Sin querer, nos dormimos hasta las 23 horas, por lo que el domingo fue más bien perdido, pero muy necesario. Los años pesan y ya no se tiene la misma marcha en las venas.


Lunes, paseo largo por la Karl Marx Alle, una de las avenidas representativas de la Alemania del Este, característica por su arquitectura de inspiración soviética y por sus monumentales edificios, que termina en la Alexander Platz con una torre de radio y televisión visible desde muchos puntos de la ciudad. De ahí, un autobús de turistas (había que aprovechar de tener una visión general de Berlín ante el poco tiempo de viaje) que nos llevó por los puntos más importantes de la ciudad. Así, nos quedamos con el gustillo y con ganas de volver (pronto).


Por la tarde, más paseos, terrazas y a quedar con el resto de la tropa que seguía en Berlín. Una cena en un restaurante turco que estuvo deliciosa y, para finalizar, una terracita en un barrio muy tranquilo, con unas tartas, muffins y "kuchenes", junto a una enorme taza de café con leche.

El resumen del viaje: muy interesante, muy entretenido, muy emocionante (ver restos del muro, vivir y ver parte de la historia europea del siglo XX, ver las diferencias entre una Alemania y la otra, no tiene precio... para todo lo demás, Mastercard) y, lo mejor, muy variopinto. Con muchas ganas de volver y disfrutar de Berlín con más calma. Me quedé con ganas de hacer un tour que te lleva por los edificios más importantes de la ciudad, pero según la época en que tuvieron relevancia, comenzando antes de la IIGM y llegando a la Post Guerra Fría. Queda pendiente para el próximo viaje.

Me reí mucho, lo pasé muy bien y simplemente agradecer a todos quienes hicieron de este viaje una grata experiencia.

I Tertulia Literaria: "Vivir adrede"

viernes, 11 de julio de 2008

Hoy inauguramos las sesiones de la Tertulia Literaria con los compañeros del trabajo, todos ligados al mundo editorial y al periodismo. La reunión comenzó con una comida breve para entrar en "calor" y, poco a poco, nos acercamos al tema que nos reunía: Mario Benedetti y su "Vivir adrede", un libro en prosa, escrito con mucha nostalgia, y que muestra a un autor aferrándose a la vida y a todo lo que aún tiene que decir.

Las opiniones, encontradas en un principio, dieron paso a un consenso más útil y justo con el autor: en el ocaso de la vida es necesaria la nostalgia y el dolor para enfrentar los últimos momentos con mejor humor y acompañado de todos nuestros recuerdos; nuestras familias, amigos y desconocidos. Todo aquello que nos hace ser quienes somos.

Aún así -casi todos inexpertos en la literatura de Benedetti- consideramos que su poesía es muy superior a su prosa y que este es un libro menor entre los suyos. Siempre desde una visión muy particular y humilde. En fin, que fue una grata sorpresa ver como cada uno había obtenido una visión muy particular de la obra y, mejor aún, como éramos capaces de ponerlas en común para llegar a un consenso.

Al final, preparamos el siguiente reto: "En picado", de Nick Hornby. Será nuestra tarea para el regreso de las vacaciones, en septiembre, y como lo elegí yo, propuse que el encuentro de los tertulianos se celebrase en alguna de las terrazas que cuelgan de las azoteas de Madrid. ¿Por qué? Pues porque el libro así lo pide.