Comentarios generales de la semana

domingo, 6 de abril de 2008

Por cierto, que la obra de María estuvo genial. Fue muy impresionante verla en movimiento y disfrutar casi tanto o más de lo que disfrutamos nosotros. Como buen estreno, hubo un par de problemas de coordinación y técnicos, pero creo (Y ESPERO) que Ay-la-lay tenga larga vida y muchas satisfacciones para ella.

En cuanto a la entrevista con María, tendrá que esperar unos días más a que retome la rutina, ya que me he pasado los últimos 3 días en cama y con pocas ganas de hacer cosas productivas, más allá de dormir o leer los libros que se acumulan en mi mesa. Nada grave, sólo una gripe tonta que tenía que llegar con la primavera.

Sigo preparando más reportajes, pero el estrés de las últimas dos semanas han ralentizado la producción. Espero retomarla pronto. Y queda menos para Manchester.

Reflexiones de domingo por la tarde

No sé si ya había tocado antes el tema en este blog. Pero, aún cuando me repita, siempre es bueno dedicarle unos momentos al yo particular, a ese mundo privado que todos tenemos. En algunos casos, lo privado tiende a lo público por diversas razones: necesidad, deseo, obligación o aburrimiento. Así, nos encontramos con los "figurantes", es decir, aquellos que viven de exteriorizar su intimidad; de la misma forma, vemos a los enigmáticos, sumidos en un "silencio expresivo". Esta frase, que me encontré por Internet, me parece de una inmensidad bestial porque encierra tantas cosas....

No sólo se trata de personas que intentan pasar desapercibidas y que defienden con celo su núcleo particular, sino que hay también individuos que, ante las dificultades y el rechazo, optan por silenciar sus manifestaciones de amor, de expresión, de pensamiento. Se convierten así en seres asociales, cuando en realidad no lo son.

Es la eterna paradoja de la sociedad, desde su núcleo básico (la familia), que lleva al individuo a ser un ente individual en muchos aspectos de la vida. Se contradice el concepto en sí mismo: la sociedad asocial (y a veces sociópata) en la que estamos sumidos. Ya entrados en el siglo XXI, el avance en este ámbito no es ni por asomo relevante. La comunidad humana es cada día más individualista y, las personas, tienden a preocuparse de sí mismos y, como mucho, de su entorno cercano.

La comunicación nos hace incomunicarnos. La sociedad nos hace asociales. ¿Cuál es la solución? Ninguna que yo sepa. Los silenciados y quienes viven del cuento, seguirán existiendo mientras no superemos las barreras que la historia, la cultura, las religiones y nosotros mismos nos hemos impuesto. ¿Es tan difícil aceptar al prójimo por ser quien es y no por lo que es, por cómo es o cómo vive?