jueves, 2 de agosto de 2007

La secuela de "EL OCHO" para el 2008

Por fin tengo confirmación de primera fuente a los rumores: la secuela de "El Ocho" llegará a las librerías durante el otoño de 2008 (en el hemisferio norte). Me imagino que será la publicación en inglés, pero espero que la traducción al español sea en breve a su lanzamiento.
Cuando digo de primera fuente, me refiero a la mismísima Katherine Neville, con la que ya intercambié mail el año pasado, y que ha vuelto a contestar a mis preguntas. Esta vez le pregunté si era verdad el rumor este de la publicación de la secuela el próximo año y ella me ha escrito lo siguiente:
"Thanks!--it's true!
Wish me luck--it is a LOT of work... but really exciting.
Best thoughts--Katherine Neville"
Y yo, feliz, os comento la noticia. Para que nos vayamos preparando. Apenas termine con Harry 7, creo que volveré a leer por tercera vez "El ocho", para tenerlo más fresco.

domingo, 29 de julio de 2007

Nada más que un afortunado oportunista


Estoy leyendo "Harry Potter and the deathly hallows", el séptimo de la saga. Voy por la mitad y se pone cada vez más interesante. Ya le dedicaré unas palabras cuando lo termine, a ver que tal ha sido la experiencia. Pero vamos al tema que me interesa.

Esta tarde vi la película "El código Da Vinci", que nació de aquella inexplicable polémica surgida a causa de una novelita (pero reconozco que intrigante y entretenida). Pues igual que el libro: bien montada, que te mantiene interesado, pero sin mucho más que decir. Ni cambia lo que creo o pienso ni me hace dudar de nada.

Si la verdad es que no es ni tan transgresora ni tan polémica. Sólo es el excelente producto de una campaña de marketing que, gran parte de la Iglesia, alimentó sin mayor fundamento. El que crea, que lo haga; y el que no, también. Cada uno es libre de pensar lo que quiera. Pero darle bombo a un buen cuento policial no es muy inteligente, menos aún viniendo de aquellos que no lo leen porque lo creen casi satánico. Si lo hubieran dejado pasar, quizás habría sido un fenómeno editorial, pero menor, y no nos tendríamos que tragar las aún peores versiones sobre el misterio del Santo Grial, los evangelios de no se quién y los papiros de no sé donde.

Es que me cabrea pensar que voy a la librería hace al menos dos meses y, casi siempre, salgo con las manos vacías, intentando buscar un libro que me haga pensar, pero no en estupideces, sino que en cosas más interesantes. Si es que discutir si el papel del hombre o la mujer en la religión es o no más relevante o si la Iglesia Católica ha "conspirado" para tener lo que tiene, no es tema discutible: la historia se ha escrito así para el mundo cristiano y no hay nada que hacer. Verdad o mentira, la tradición histórica ha dibujado la realidad que tenemos actualmente.

Si de verdad las cosas se quieren cambiar, en vez de alejar a la gente cada día más de la religión cristiana con decisiones bastante poco acertadas -entiéndase por el regreso a las misas en latín, esa lengua tan extendida y dominada por todos-, lo que debe hacer la Iglesia es aceptar los cambios sociales, políticos y culturales, adecuándose a la realidad. Tampoco se trata de relajar sus preceptos ni ceder ante la presión externa, pero sí aceptar que su entorno evoluciona y no es el mismo de hace mil años, ni siquiera el mismo de hace 50.

La revolución, entonces, tiene que venir desde dentro, de las propias autoridades eclesiásticas, y no de escritores de segunda que, por un libro que tiene repercusión, se le eleva a las altas esferas de la literatura (seguro que Shakespeare o Cervantes se ríen allí donde estén) y se le presenta como enemigo de la religión, cuando no es más que un afortunado oportunista.

PECADO (Me gusta la versión de Presuntos Implicados)

Yo no sé si es prohibido,

si no tiene perdón

si me lleva al abismo,

sólo sé que es amor.


Yo no sé, si este amor es pecado que tiene castigo,

si es tentar a las leyes honradas del hombre y de Dios,

sólo sé que me aturde la vida como un torbellino,

que me arrastra, me arrastra a tus brazos en ciega pasión.


Es más fuerte que yo, que mi vida mi credo y sino,

es más fuerte que todo el respeto y el temor de Dios.

Aunque sea, pecado te quiero, te quiero lo mismo,

y aunque todo me niegue el derecho me aferro a este amor.


Es más fuerte que yo, que mi vida, mi credo y mi sino,

es más fuerte que todo el respeto y el temor de Dios.

Aunque sea pecado te quiero te quiero lo mismo,

y aunque todo me niegue el derecho, me aferro a este amor, me aferro a este amor.

Arde Madrid!

Hoy, sentado en una terraza del barrio con unos amigos, nos dimos cuenta que un poco más allá una cortina de humo crecía de manera exponencial según pasaban los segundos. Poco a poco, el espíritu periodístico -eufemismo al que recurro para decir que sólo era por cotillear- nos acercamos al lugar del incendio, un descampado lleno de maleza seca.

La sorpresa era que en el lugar había muchos policías, pero sólo un carro de bomberos que, desde donde estábamos, parecía no hacer nada. El fuego avanzó y se extendió hacia los bordes del descampado, arrasando con árboles y arbustos, pero llegando a su fin en los límites de la reja que rodeaba el recinto. Entiendo, quizás, el motivo: es mejor que se queme una vez, porque así no volverá a ocurrir en el corto plazo (no se quema lo quemado), pero no comprendo la pasividad ante la situación.

Tras 20 minutos, apareció un segundo carro de bomberos, este sí con la posibilidad de utilizar la manguera, y se dedicaron a apagar los pequeños fuegos que quedaban en una de las esquinas del descampado, la que estaba más cerca de la autopista. ¿Es esto normal? No lo sé. No soy profesional ni experto en el tema, pero me hace gracia que nuestros impuestos paguen un servicio de bomberos poco "agresivo" en su labor, sobre todo teniendo en cuenta que en muchos países, la labor de bomberos es aún voluntaria (lo que me permitiría entender o justificar su pasividad ante ciertas situaciones)
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