El doble discurso

sábado, 24 de febrero de 2007

¿Habéis presenciado una escena de doble discurso?
Pues yo sí, el jueves en el autobús. Fue más o menos así:
Imagina, autobús de regreso a casa. Lleno de gente, imposible sentarse. Sube un ciego con su perro guía. Todos se revolucionan, buscando un sitio para el ciego. Nadie se lo cede. Y una mujer de las que estaba sentada, comienza a comentar con sus tres amigas, que también disfrutaban de las bondades de un cómodo asiento:
- Os habéis fijado como nadie es capaz de cederle el asiento al ciego
- Si, que vergüenza. Pobre hombre que se tendrá que ir de pie todo el trayecto
Y otras tantas frases del mismo estilo. Yo iba escuchando música tranquilamente, hasta que no pude evitar cabrearme por la situación. Si tanta vergüenza les daba y no comprendían porqué nadie cedía su asiento, alguna de las cuatro víboras ridículas podría haber dejado de expulsar veneno por la boca y podría haber levantado su culo del asiento para hacer lo que nadie era capaz de hacer.
Pero no, eso era demasiado pedir. Lo mejor era comentar a viva voz la falta de civilidad de los demás, mientras ellas, las reinas del saber estar y del comportamiento social perfecto, se lamentaban de las desgracias de los demás, sin ver ni siquiera lo desgraciadas y patéticas que se veían.
¡Pena me dan!
(se que es un poco tóxico, pero es que peor fue presenciarlo)

"Good night and good luck"

domingo, 4 de febrero de 2007

Ayer vi una película que me ha dejado pensando, cosa rara en las películas a las que últimamente tenemos acceso. "Buenas noches, buena suerte" es una excelente producción que retrata vivamente la época de la "caza de brujas" en Estados Unidos, a mediados del siglo XX, visto desde el punto de vista periodístico y cómo se enfrentaba el poder mediático al poder político.
No sé si tendrá que ver con la (de)formación profesional o qué, pero simplemente me pareció notable y valiente la postura adquirida por ciertas voces de las comunicaciones frente al acoso del senador McCarthy hacia aquellos individuos que, por el simple hecho de pensar que eran comunistas, eran acosados, expuestos públicamente y, muchas veces, sin prueba alguna.
Es cierto que este argumento no resulta nada nuevo y que se vivió en algunos regímenes políticos del terror, pero la forma en que se vivió en EE.UU. tuvo un alcance público de proporciones, ya que actores, cantantes, presentadores, a la vez que gente desconocida para la masa, se enfrentaron a las acusaciones más absurdas vistas en el poder legislativo de ese país.
El punto que me dejó pensando, más allá de las ideologías políticas o del tema que sea el que distinga a los individuos como "amigos" o "enemigos", es la facilidad con la que el ser humano cede ante al temor y cae en la acusación vacua de sus pares, de sus iguales. No sé si esto se explica por una necesidad de sobrevivir al otro o de tener mucho tiempo libre y sentirse con ese status superior que le "permite" o le "exige" penetrar el mundo privado de un ciudadano y acusarlo gratuitamente de lo que sea.
Muchas veces, caemos en una "caza de brujas" hablando de los demás sin fundamento, y acusando a nuestros semejantes de las brutalidades más crudas o de las estupideces más absurdas, propasando el límite entre lo público y lo particular, violando el metro cuadrado de otro (a la vez que el propio), simplemente por no saber que hacer con nuestro tiempo libre o no tener una vida interesante que nos invite a disfrutarla a expensas de nosotros mismos y no a costa de las demás.
Varias vueltas le he dado a esta cuestión desde ayer, y creo que me quedan un par de días de seguir analizando este argumento. Sin duda que es este el cine que me gusta, ese que te permite pensar más allá de las dos horas de duración y no aquel que se desvanece tras los créditos. El que pueda disfrutar de esta película que lo haga y le invito a discutir este tema con total libertad, porque tiene para mucho más. Sólo me queda por decir: "buenas noches y buena suerte".