Mi amiga Berni ha emprendido una cruzada: dignificar nuestra labor periodística, dejando un legado a las futuras generaciones de profesionales, para que aprendan de nuestros errores y avancen en la consecución de derechos y privilegios que, muchas veces, se nos niegan.
Bien me parece que el periodista está entrenado para ir detrás de la noticia, lo nuevo. Pero eso no implica que deba pasarme 7 días fuera de una casa esperando a entrevistar a una estrellita de medio pelo para que me diga un par de estupideces. O como ella contaba, un alcalducho de poca monta haciéndose de rogar tres días para conceder una simple entrevista y luego, además, imponer condiciones o exigencias al trabajo profesional.
¿Pero qué se creen? Quizás piensan que el mundo gira en torno a su cama o a su pueblo. Craso error. El mundo gira sobre sí mismo en primer lugar y luego alrededor del sol. Habrá tantos pseudo cuerpos celestes como ediles en el firmamento, pero ninguno de ellos tiene el derecho ni la validez para disponer libremente de mi tiempo, mi trabajo y mi capacidad. Acaso no se dan cuenta que, sin nuestra voz o nuestras manos, sus tristes vidas no tendrían repercusión mediática alguna. No será que está malentendido el asunto y en vez de nosotros servirles a ellos o viceversa, podemos realizar un trabajo de cooperación mutua para sobrevivir en armonía.
Recuerdo, hace ya varios años, mientras hacía mi práctica en un medio regional, como una rutilante figura de la política y el espectáculo, me ofrecía dinero para enfatizar una noticia que no daba ni para un breve en la página de avisos. Y sigo sintiéndome orgulloso de mi respuesta: no me interesa que me pague nada. Yo veré si es digno de cubrir y publicar lo que me comenta y le avisaremos. (Es una aproximación, porque no recuerdo las palabras exactas).
Diplomáticamente, reivindiqué mi derecho a trabajar sin presión, sin ataduras y sin tener que militar por nada más que el periodismo de verdad, mi vocación, lo que siempre quise ser. Y esta es la esencia de nuestro rol en la sociedad. Muchos dicen que un periodista no puede mantenerse ajeno a las ideas, a las inclinaciones particulares o a los intereses económicos. Y estoy de acuerdo: uno sólo no puede, pero muchos sí. Y para eso estamos quienes ya tenemos algo de camino recorrido, para transmitir ese deseo, ese real interés por la profesión, el amor a comunicar la verdad de la mejor forma, y tal como decía el sabio Carlos Godoy, para dignificar nuestra labor de periodistas.

