Paradojas y exorcismos

lunes, 21 de agosto de 2006

Uno de los ejercicios mentales que muchas veces evitamos pero que, sin duda, es uno de los más interesantes, es el de exorcizar nuestros propios demonios. Todos vamos con ellos a todas partes, tal como nos acompaña nuestro 3 en 1 (ver post anterior), y no podemos negar su naturaleza oscura.
Nuestros demonios somos nosotros mismos, nuestros miedos, traumas, trancas, problemas no resueltos que se acomodan en nuestra conciencia, forjando nuestra existencia y manejándola a su antojo. Muchas veces nos paralizan, nos "seducen" a no seguir adelante, a no evolucionar (incluso a involucionar en muchas ocasiones) y a dejar de manifestarnos plenamente en la vida que nos ha tocado o que hemos elegido vivir.
Estos demonios son inevitables, pero a la vez, posibles de manejar. Si aprendemos a vivir con ellos y a utilizarlos en nuestro beneficio, su exorcismo sólo puede traer resultados positivos. El miedo al ridículo se pierde aprendiendo a reirnos de nosotros mismos; el miedo al fracaso, se pierde aprendiendo a ponernos de pie cuando caemos; el miedo al dolor, se aprende superando aquello que nos hace daño; el miedo a los demás, se pierde entregándonos por completo sin medir consecuencias ni calcular las posibilidades.
Muchos se cierran, por ejemplo, a amar para no sufrir; pero ¿qué sería del amor sin sufrimiento? El amor no es todo miel, néctar, querubines y música. El amor es luz y oscuridad, felicidad y tristeza, dolor y placer. Es más que nosotros mismos y mucho más que la suma de las partes. Es riesgo, miedo, confianza y certeza. Es una inmensa paradoja. Muchos dicen que la pereza es la madre de todos los vicios; en ese caso, el amor sería el padre de todos los sentimientos.
Cada vez que alguien me dice que siente miedo a fracasar en el amor, lo único que tiendo a decir es: arriésgate y sufre, que para eso vivimos y para eso estamos preparados. Nos podremos levantar una y mil veces porque nuestro corazón se recupera, lento o rápido, pero siempre sale adelante y siempre querrá volver a revivir ese sublime sentimiento. Sino, nuestra existencia sería un mero "yacer" y no una experiencia adrenalínica como debe ser.

1+1+1=1

domingo, 13 de agosto de 2006

Somos tres en uno. Parece una oferta de multitienda o supermercado. Pero no, todos tenemos ese 3 en 1; todos los somos. Y tampoco es un sistema de sonido, aunque por su complejidad y funcionamiento, muchas veces el momento requerirá subir o bajar el volumen de alguno de ellos para seguir adelante.
No estoy haciendo alarde de una personalidad multipolar ni de una crisis existencial, sino que simplemente reconozco la esencia de cada uno tal como la describiera uno de los pensadores más influyentes de fines del siglo XIX y comienzos del XX: Sigmund Freud.
Ese tres en uno está compuesto por el Ello, el Yo y el Super Yo (para otros: el Id, el Ego y el Super Ego), esos tres nosotros mismos que cohabitan en nuestro interior, extrapolando o reprimiendo nuestros sentimientos, percepciones y actos en una danza eterna. Tres figuras o representaciones del mundo interior del individuo que llevan impresa la carga social, educacional, la familia y la herencia; los deseos, los anhelos, las pasiones, el control, la dominación, los sentimientos, y lo que somos en resumen.
El Ello (Id) son las bajas pasiones, los instintos, nuestra marca de nacimiento. Lo que viene con nosotros. El Super Yo (Super Ego) es la parte moral, producto de la socialización, de la educación, de la familia y el entorno. Es el que pone freno. Y, en medio de ambos, el Yo (Ego) conviviendo como una especie de mediador. Algo así como el traumado hermano del medio (nada personal contra ellos, por cierto).
Como para decir que no somos nada de complejos. Y luego nos extrañamos, muchas veces, lo difícil que nos resulta compartir con los demás en muchos momentos de la vida. Si tenemos esa ecuación explosiva en nuestro interior, ya es un milagro hacer lo que hacemos y estar donde estamos.

¡Yo me sumo! ¿Y tú?

sábado, 12 de agosto de 2006

Mi amiga Berni ha emprendido una cruzada: dignificar nuestra labor periodística, dejando un legado a las futuras generaciones de profesionales, para que aprendan de nuestros errores y avancen en la consecución de derechos y privilegios que, muchas veces, se nos niegan.
Bien me parece que el periodista está entrenado para ir detrás de la noticia, lo nuevo. Pero eso no implica que deba pasarme 7 días fuera de una casa esperando a entrevistar a una estrellita de medio pelo para que me diga un par de estupideces. O como ella contaba, un alcalducho de poca monta haciéndose de rogar tres días para conceder una simple entrevista y luego, además, imponer condiciones o exigencias al trabajo profesional.
¿Pero qué se creen? Quizás piensan que el mundo gira en torno a su cama o a su pueblo. Craso error. El mundo gira sobre sí mismo en primer lugar y luego alrededor del sol. Habrá tantos pseudo cuerpos celestes como ediles en el firmamento, pero ninguno de ellos tiene el derecho ni la validez para disponer libremente de mi tiempo, mi trabajo y mi capacidad. Acaso no se dan cuenta que, sin nuestra voz o nuestras manos, sus tristes vidas no tendrían repercusión mediática alguna. No será que está malentendido el asunto y en vez de nosotros servirles a ellos o viceversa, podemos realizar un trabajo de cooperación mutua para sobrevivir en armonía.
Recuerdo, hace ya varios años, mientras hacía mi práctica en un medio regional, como una rutilante figura de la política y el espectáculo, me ofrecía dinero para enfatizar una noticia que no daba ni para un breve en la página de avisos. Y sigo sintiéndome orgulloso de mi respuesta: no me interesa que me pague nada. Yo veré si es digno de cubrir y publicar lo que me comenta y le avisaremos. (Es una aproximación, porque no recuerdo las palabras exactas).
Diplomáticamente, reivindiqué mi derecho a trabajar sin presión, sin ataduras y sin tener que militar por nada más que el periodismo de verdad, mi vocación, lo que siempre quise ser. Y esta es la esencia de nuestro rol en la sociedad. Muchos dicen que un periodista no puede mantenerse ajeno a las ideas, a las inclinaciones particulares o a los intereses económicos. Y estoy de acuerdo: uno sólo no puede, pero muchos sí. Y para eso estamos quienes ya tenemos algo de camino recorrido, para transmitir ese deseo, ese real interés por la profesión, el amor a comunicar la verdad de la mejor forma, y tal como decía el sabio Carlos Godoy, para dignificar nuestra labor de periodistas.

La cultura no nos viene mal

jueves, 10 de agosto de 2006

Y se preguntarán qué hago yo hablando de fotografía o porqué razón llegué al trabajo de Cindy Sherman. Pues la respuesta, pese a ser muy lógica, no lo es del todo.
Navegaba por la red y, de pronto, me encontré en las páginas de la Revista de Occidente, aquella creada por Ortega y Gasset en la década del 20, y en las cuales nos encontramos con textos de gran interés y autores de renombre en las distintas áreas del conocimiento.
En fin, uno de ellos trataba sobre el exceso de realismo en el arte y la provocación que la estética contemporánea promueve. Me puse a leer el artículo hasta que di con el nombre de algunos representantes de esta corriente y así llegué a Cindy Sherman, una fotógrafa bastante peculiar que, como no, ha recibido el apoyo en sus exposiciones de la mismísima Madonna, otro de los hitos de la transgresión.
De todas formas, además de conocer a Sherman, sería bueno darse una vuelta por la Revista de Occidente y aprovechar que algunos de sus textos están disponibles en versión pdf. Algo de cultura no le viene mal a nadie. (http://www.fog.es/revistadeoccidente/revista.html)

Algo de fotografía II

"Me gusta hacer imágenes que desde la distancia parezcan algo seductoras, coloridas, deliciosas y atrayentes, y luego te das cuenta de que lo que estás mirando es algo totalmente opuesto. Me parece aburrido perseguir la típica idea de belleza, porque esa es la manera más fácil y más obvia de ver el mundo. Es más desafiante mirar el otro lado".

Cindy Sherman

Algo de fotografía


"I like making images that from a distance seem kind of seductive, colorful, luscious and engaging, and then you realize what you’re looking at is something totally opposite. It seems boring to me to pursue the typical idea of beauty, because that is the easiest and the most obvious way to see the world. It’s more challenging to look at the other side".

Cindy Sherman